Actividad «El matemático ciego»
⏱ 10 minutos
Preparación
- Elige un espacio grande (bajo techo o al aire libre) que tenga suficiente lugar.
- Asegúrate de quitar todos los obstáculos antes de empezar el juego.
Desarrollo
- Los participantes se reparten de manera uniforme a lo largo de la cuerda. Cada participante tiene que sujetar la cuerda con las dos manos.
- Asegúrate de que las vendas estén bien puestas, para que nadie pueda ver nada.
- Luego dales esta consigna: formen un triángulo isósceles con la cuerda.
- Para hacerlo, los participantes pueden moverse a lo largo de la cuerda, pero sin soltarla. Sí pueden hablar entre ellos.
- En cuanto el grupo crea que ha formado la figura pedida, deja la cuerda con cuidado en el suelo. Solo entonces pueden quitarse las vendas y mirar juntos el resultado.
- Quien se sienta incómodo durante la actividad puede retirarse en cualquier momento.
Variantes
- Para que el juego sea más difícil, también se pueden formar otras figuras geométricas, por ejemplo, cuadrados.
Historia
⏱ 3 minutos
Ahora imaginen cómo sería no ver nada, no solo durante un juego, sino toda la vida.
Imagina que no puedes ver desde que naciste. Nunca has visto la cara de tus padres, de tus hermanos, de tus amigos, de tus profesores. No sabes cómo son los árboles ni cómo es el cielo. No sabes lo que es un color. Solo conoces la oscuridad. Sabes lo que es el calor, y muchas veces has sentido el sol en la piel. Sabes cómo suena el agua y qué se siente al tocarla. Tu oído está muy desarrollado. Oyes los movimientos más pequeños a tu alrededor. Puedes distinguir pasos a lo lejos y reconoces perfectamente las voces de las personas que conoces. Te mueves muy bien por los lugares cercanos a tu casa. En casa sabes exactamente dónde está cada cosa, dónde están las puertas, dónde están los muebles, tu mesa, tu silla, tu cama, sin ver nada, y te mueves tan rápido y con tanta seguridad como alguien que ve. Pero en cuanto sales de tu entorno conocido, necesitas que otros te ayuden y te guíen. Cuando tus amigos se van a patinar, se suben al monopatín o juegan al fútbol, tú no puedes unirte. A veces vas con ellos, te sientas y escuchas. A veces tienen conversaciones geniales cuando están juntos, pero te duele no poder participar. Incluso cuando tus amigos juegan con el teléfono o con la consola, solo puedes sentarte a su lado y escuchar.
Y hoy, hoy estás en el centro de la ciudad con tus amigos. Como ellos querían entrar un momento al centro comercial para comprar un par de cosas, decidieron que era mejor que tú esperaras afuera, para que todo fuera más rápido. Así que ahora estás afuera, delante del centro comercial, con la espalda apoyada en la pared, esperando.
A tu alrededor hay mucho movimiento. Parece que justo ahora hay muchísima gente, afuera en la plaza y dentro del centro comercial. Y de repente, un montón de gente sale del centro comercial hacia la plaza. El ruido a tu alrededor es cada vez más fuerte, y por los fragmentos de conversación que alcanzas a oír, te das cuenta de que ha llegado ese hombre que, según has oído, sanó a mucha gente, también a ciegos. Los pensamientos se te disparan y sientes cómo te late el corazón en el pecho de la emoción. Te sudan las manos y el cuerpo te empieza a temblar. Solo puedes pensar en poder ver ahora mismo, y sabes que esa posibilidad está a solo unos pasos. ¿Y si ese hombre te sana ahora? No puedes contenerte y gritas: «¡Jesús, por favor, por favor, ayúdame!». (Ahora griten todos bien fuerte: «¡Jesús, por favor, ayúdame!»). Y la gente a tu alrededor te regaña: «¡Cállate, no grites así!». Lo que dicen te altera todavía más, y gritas aún más fuerte: «¡Jesús, auxilio, por favor, ayúdame!». (Griten todos más fuerte: «¡Jesús, por favor, ayúdame!»). Y de repente sientes que alguien te toma del brazo y te dice: «Oye, Jesús quiere que vayas con él, ya no tienes que gritar. Te llevamos con él». Ahora estás delante de Jesús, y él te pregunta: «¿Qué quieres que haga por ti?». Y tú le dices: «Quiero ver. ¿Puedes sanarme?». Y Jesús te dice: «Porque confiaste en mí, te sano». Y justo cuando Jesús te dice eso, puedes verlo. Ves a Jesús delante de ti y a la multitud a su alrededor. Puedes ver. De verdad puedes ver.
Ahora abran de nuevo los ojos.
Grupos pequeños
⏱ 15 minutos
Ahora vamos a leer lo que le pasó a Bartimeo cuando se encontró con Jesús. Su historia está en la Biblia, en el Evangelio de Marcos.
📖 Lee Marcos 10:46-52
¿Saben qué es lo más impresionante? No podemos ver a Jesús, pero está aquí. Está aquí en este momento, está aquí siempre, y solo espera que lo llamemos. Se alegra cuando confiamos en él, como Bartimeo. Y cuando le contamos con sinceridad lo que nos preocupa, lo que nos da miedo, lo que nos cuesta.
🙏🏼 Termina con una oración.
Versión en español: octubre de 2026
