Los elementos que se describen a continuación ofrecen distintas maneras de abordar el tema de esta reunión. Queda a tu criterio usarlos todos o solo uno. Son herramientas para ti: tú decides cómo usarlas. Lo importante:

  • Sé flexible y adapta las actividades a la dinámica del grupo y al tiempo del que dispones. No vas a poder incluir todos los elementos en una sola reunión.
  • Asegúrate de que todos los participantes estén incluidos y se sientan cómodos.
  • Deja suficiente espacio para la reflexión personal y subraya la importancia de dar una opinión sincera y abierta.
  • Sé sensible a las reacciones emocionales, sobre todo cuando se tocan temas personales.
🎯
Idea principal: Como he recibido perdón, puedo soltar, quedo libre para perdonar a otros y experimento una libertad verdadera.

Actividad de aprendizaje vivencial «Puño de piedra»

⏱ 20 minutos

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Materiales: 1 piedra grande (del tamaño de una mano) por persona (o, en su lugar, canicas o una pelota de golf), unas 15 sillas por equipo (sillas resistentes, no plegables), espacio suficiente, un cronómetro

Cómo se juega

  • Juegan por equipos, unos contra otros (de 2 a 4 equipos, según el tamaño del grupo).
  • El objetivo es construir juntos, con las sillas, la torre estable más alta. Tiene que sostenerse sola durante al menos 10 segundos, sin que nadie la sujete y sin apoyo externo (por ejemplo, una pared o un muro).
  • Cada persona tiene su piedra en la mano durante todo el juego.
  • La mano con la piedra no se puede usar para construir. Si alguien usa esa mano (aunque sea solo con los dedos), tiene que dejar la piedra y el equipo contrario gana 1 punto. Lo mismo vale si la piedra se cae sin querer.
  • El equipo que construya la torre más alta gana 10 puntos.
  • Por cada piedra «perdida» de su equipo, el equipo contrario gana 1 punto extra.
  • Regla secreta (no la reveles): quien tenga que dejar la piedra o la deje a propósito puede usar las dos manos para construir, pero recibe 1 punto en contra. Si todo el equipo deja sus piedras, el equipo gana 20 puntos extra.
Variante para grupos pequeños: un solo equipo, con límite de tiempo y midiendo la altura de la torre, como reto.

Indicaciones de seguridad

  • Usar sillas resistentes y apilables
  • Mantener distancia entre los equipos
  • No lanzar sillas ni embestir con ellas
  • Interrumpir el ejercicio si hay un peligro inmediato
Una torre alta de sillas de madera apiladas al aire libre; al lado, dos jóvenes con la cara tapada por un emoji
Un joven con la cara tapada por un emoji, junto a otra torre de sillas apiladas
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Tarea de observación (para ti o para quien dirija contigo): ¿Qué observas? ¿Quién deja la piedra por voluntad propia? ¿Hay quien anime a otros a dejar la piedra? ¿O todos intentan construir con la piedra en la mano? ¿Qué más pasa entre los equipos y dentro de cada equipo?

Lo que pasó en nuestro grupo: algunos usaron por reflejo la mano de la piedra para protegerse a sí mismos y a otros de las sillas que caían. Al principio se decepcionaron, pero después experimentaron la libertad de construir y pudieron ayudar mucho a su equipo, porque la piedra ya no los limitaba. Eso fue bueno y nos sirvió para la reflexión posterior.
❓
¿Cómo vivieron la construcción de la torre?
❓
¿Qué los frustró?
❓
¿Qué los llevó a no soltar la piedra?
❓
Si tuviste que dejar la piedra o se te cayó: ¿Por qué? ¿Cómo fue eso para ti?
❓
Si nadie del equipo dejó ni soltó la piedra: ¿Qué los frenó? ¿Por qué no querían concederle ni un punto al otro grupo?
❓
¿Qué les impidió «romper» la regla?

A veces pensamos que, si soltamos, perdemos.

Pero ¿y si soltar es justamente lo que nos hace libres?

En el juego podrían haber soltado algo: para ser libres, para construir más rápido, para lograr más. Pero muchos de ustedes se aferraron a la piedra. ¿Tal vez porque querían ganar? ¿Tal vez porque no querían darles demasiados puntos a los demás?

La piedra que tienen en la mano es como las ofensas a las que a veces nos aferramos. Es el dolor que sentimos cuando otros nos hieren y nos ofenden. Muchas veces nos aferramos a ese dolor y a esas ofensas. Pedro, un amigo de Jesús, le preguntó una vez qué debía hacer con esas ofensas.

Vamos a ver un video sobre eso.

Video «El siervo despiadado»

⏱ 3 minutos

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🎬 Vean juntos el video «The Parable of the Unforgiving Servant» (la parábola del siervo despiadado), de Saddleback Kids, en inglés (2:52).
The Parable of the Unforgiving Servant, Saddleback Kids. Video en inglés

Profundizar

⏱ 10 minutos

📖 Lee Mateo 18:21-35

❓
¿Qué les llama la atención?
❓
¿Por qué creen que el siervo no fue capaz de perdonar a su compañero?

El rey perdona una deuda inmensa, inimaginable.

Pero el siervo se aferra a la pequeña deuda de su compañero.

El siervo actúa sin misericordia, o porque no valora ni agradece la misericordia del rey, o porque en su corazón no ha entendido lo que significa de verdad.

Tal vez su corazón todavía no es libre, sigue aferrado por dentro a su propia deuda y por eso no puede perdonar la deuda de su compañero.

Muchas veces no entendemos lo inmensos que son el perdón y la misericordia que hemos recibido por la muerte y la resurrección de Jesús. Tal vez pensamos que podemos pagar la deuda con buenas obras, y esperamos lo mismo de las personas que nos rodean.

Jesús y el Padre (el rey) nos lo perdonan todo, sin que tengamos que pagar nada, porque saben que no podemos. Pero a veces pensamos que todavía tenemos que pagar algo, aunque caminamos con Jesús, y no tenemos misericordia con los demás porque no hemos entendido lo que Jesús hizo por nosotros. Llevamos nuestra culpa a la cruz y volvemos a cargar con ella, y por eso nos aferramos a las ofensas de los demás: porque nosotros mismos no hemos experimentado lo que significa soltar la culpa.

¿Y si justamente soltar es lo que nos hace libres?

En países del sudeste asiático como Vietnam, Laos o Filipinas existe desde hace siglos un truco para atrapar monos. A los macacos que viven allí les encantan, más que nada en el mundo, las bananas maduras y dulces. Así que los campesinos toman un coco grande, lo vacían y meten dentro una banana dulce. Además, le hacen al coco un agujero del tamaño justo para que un mono pueda meter la mano. Luego cuelgan la trampa en un árbol y esperan. Por lo general, no pasa mucho tiempo antes de que llegue un macaco, huela el aroma dulce de la banana y meta la mano en el coco por el agujero estrecho. El mono agarra la banana, y ya está atrapado. Es que el agujero del coco es tan estrecho que no puede sacar el brazo mientras tenga la banana agarrada. En el fondo, al mono le bastaría con soltar la banana para liberarse. Pero no puede. Quiere demasiado la banana como para soltarla y sacar el brazo de la trampa. (Axel Ebert, responsable de los servicios misioneros de la Iglesia protestante de Baden, en Alemania; traducido del alemán)
Un macaco con la mano en un coco y el texto en inglés «I’m not letting go!» (¡No pienso soltarlo!)
La trampa para monos. Imagen: Persönlichkeits-Blog

El principio sencillo de la trampa para monos: si no suelta, el mono no puede escapar.

Podría ser libre si soltara.

Nosotros no metemos las manos en cocos para devorar con ansia una banana. Las bananas no tienen ese efecto en nosotros.

Pero sí nos aferramos a las ofensas.

¿Y qué pasa cuando nos aferramos a las ofensas de los demás?

«Así también mi Padre celestial los tratará a ustedes, a menos que cada uno perdone de corazón a su hermano.» (Mateo 18:35)

Perdemos la libertad. Vamos a experimentar que, una y otra vez, nos llevamos de vuelta de la cruz nuestra propia culpa, porque no dejamos con Jesús las ofensas de los demás.

En Colosenses 3:13-14, Pablo nos hace este llamado: «[…] que se toleren unos a otros y se perdonen si alguno tiene queja contra otro. Así como el Señor los perdonó, perdonen también ustedes. Por encima de todo, vístanse de amor, que es el vínculo perfecto.»

En el ejercicio comprobaron que la piedra era un estorbo. Fue mucho más difícil apilar las sillas. El riesgo de que ustedes o sus compañeros de equipo se hicieran daño era mayor, porque tenían menos manos libres para sujetar las sillas.

Quien se aferra a las ofensas pone en peligro lo que tiene que crecer o construirse.

Las relaciones, la confianza, el espíritu de equipo: todo eso se tambalea cuando no soltamos las ofensas.

Aquello a lo que te aferras no te afecta solo a ti, sino a todo el conjunto.

La falta de perdón nunca es solo «asunto mío»: influye en mi comunidad.

Tal vez tenían miedo de concederle un punto al otro grupo.

Cuando no perdonamos, muchas veces nos saboteamos a nosotros mismos.

Nos aferramos por principio, y en el camino perdemos la libertad que Jesús nos regala.

Quienes soltaron la piedra pudieron apilar con más libertad, más estabilidad y más enfoque.

Quien suelta recupera la capacidad de actuar. Puedes actuar de manera más constructiva.

Siguiente paso

⏱ 3 minutos

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Materiales: una cruz, un altavoz Bluetooth, música de adoración instrumental
👉
Mientras tanto, pon música de adoración instrumental.

Toma tu piedra. Mírala. Pregúntate: ¿qué me cuesta perdonar? ¿A qué me aferro?

Escríbelo mentalmente en tu piedra, y llévala a la cruz (o déjala simbólicamente delante de ti).

Dile a Jesús:

Jesús, gracias por perdonarme.

Recuérdame lo que hiciste por mí.

Ayúdame a perdonar a …

Aquí está mi piedra, la ofensa de … a la que me he aferrado hasta ahora. La pongo a tus pies, en la cruz. Te dejo esta ofensa a ti y perdono a …

Como he recibido perdón, puedo soltar, y quedo libre.

Amén.

Grupos pequeños

⏱ 20 minutos

Conversen en grupos pequeños sobre estas preguntas:

❓
¿Qué te conmueve o te desconcierta de la historia del siervo despiadado?
❓
¿Qué significa para ti, personalmente, que Jesús cargó con tu culpa?
❓
Colosenses 3:13 dice: «Así como el Señor los perdonó, perdonen también ustedes.» ¿Qué despierta en ti este versículo?
❓
¿Por qué crees que para Jesús es tan importante que perdonemos, aunque nos cueste?
❓
¿Qué crees que nos puede impedir perdonar? ¿Y qué nos ayudaría entonces?
❓
En general, ¿dónde te cuesta más perdonar? No tienes que entrar en detalles si no quieres.

Versión en español: octubre de 2026