Los elementos que se describen a continuación ofrecen distintas maneras de abordar el tema de esta reunión. Tú decides si usas todos o solo uno. Son herramientas para ti: tú decides cómo usarlas. Lo importante:
- Sé flexible y adapta las actividades a la dinámica del grupo y al tiempo del que dispones. No vas a poder incluir todos los elementos en una sola reunión.
- Asegúrate de que todos los participantes estén incluidos y se sientan cómodos.
- Deja suficiente espacio para la reflexión personal y subraya la importancia de dar una opinión sincera y abierta.
- Sé sensible a las reacciones emocionales, sobre todo cuando se tocan temas personales.
Actividad de aprendizaje vivencial «Batalla de pompones»
⏱ 10 minutos
Preparación
- Reparte los pompones de antemano, de modo que tengas a mano 50 pompones del color de cada equipo.
Cómo se juega
- Divide al grupo en dos equipos: equipo A y equipo B.
- Cada equipo elige a una persona como «corredor».
- A los corredores se les decora con cinta adhesiva: la cinta se pega en su camiseta con el lado adhesivo hacia fuera.
- Los equipos se colocan en lados opuestos de la sala.
- Cada equipo recibe 50 pompones de su color.
- Los corredores salen del centro del campo y corren cada uno hacia el equipo contrario.
- El equipo contrario les lanza los pompones: el objetivo es que se queden pegados en la cinta tantos pompones como sea posible.
- Los pompones que caen al suelo no se pueden volver a recoger.
- Cuando se hayan lanzado todos los pompones, los corredores vuelven al centro.
- Ahora corren hacia su propio equipo, que también intenta lanzarles pompones.
- El objetivo es esquivar los pompones del equipo contrario y, al mismo tiempo, que se queden pegados en la camiseta tantos pompones del propio equipo como sea posible.
- Los corredores no pueden protegerse el torso con los brazos ni con las manos.
Puntuación
Después de la segunda ronda, se cuenta:
- Cada pompón del color del propio equipo suma 1 punto.
- Cada pompón del color contrario resta 1 punto.
- Gana el equipo con más puntos.
Reflexión
Dirigido a los corredores: Fue emocionante ver cuánto se esforzaron por esquivar los pompones contrarios y «atrapar» los pompones de su equipo.
La ilustración «Red Bull»
⏱ 5 minutos
Igual que en este juego, a menudo se nos «pegan» opiniones, juicios o experiencias. Por ejemplo, las notas. Y pronto llega también la entrega de notas.
Quizás tienes ganas de que llegue ese momento, quizás te da miedo ver qué notas vas a sacar. Quizás te gustan tus notas, quizás sientes que no das la talla.
En el supermercado no cuesta mucho, y menos aún si está en oferta. En la estación de tren ya la pagas bastante más cara. En el aeropuerto, todavía más. Y en el minibar de un hotel puede costar fácilmente el triple que en el supermercado.
El contenido siempre es el mismo. Pero según el lugar donde se venda, a esta lata se le atribuye un valor diferente.
Con nosotros pasa algo parecido. A veces la sociedad nos pone un «precio»:
- ¿Buenas notas? Vales mucho.
- ¿Malas notas? Ya no vales tanto.
- ¿Popular? Vales mucho.
- ¿Te dejan de lado? Vales menos.
Pero igual que con el Red Bull, no es el lugar de venta lo que determina el valor, sino el fabricante. Y nuestro «fabricante» es Dios: él ha fijado nuestro valor.
Sean cuales sean las notas que saques, no definen tu valor.
Porque tu valor no viene de lo que logras. No viene de las notas, ni de lo que otros piensan de ti, ni de tus éxitos o fracasos.
Tu valor viene de Dios. Él te creó. Él te quiso. Te dio un sentido y un valor que nadie te puede quitar ni rebajar.
«Porque somos hechura de Dios, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios dispuso de antemano a fin de que las pongamos en práctica.» (Efesios 2:10)
Eso significa: No eres una casualidad. Dios te hizo, y lo hizo con intención. Te dio capacidades, talentos, pasiones y un propósito. Y lo mejor de todo: tu valor no depende de que hagas todo bien.
Quizás piensas: Pero yo no siento que valga mucho.
Vales porque Dios lo dice. Pero para experimentar de verdad esta realidad, no basta con repetírtelo. Tienes que creerlo de verdad.
Profundizar: «Jesús es el código de trucos»
⏱ 15 minutos
La Biblia dice que fuimos creados a imagen de Dios (Génesis 1:27). Eso no significa que Dios se parezca físicamente a nosotros, sino que puso su carácter en nosotros.
Dios es creativo, lleno de amor, justo, sabio, misericordioso, y eso es exactamente lo que también puso en ti.
Entonces, ¿por qué muchas veces nos sentimos tan imperfectos, sin valor o insuficientes?
Imagina que estás jugando a un videojuego. Estás en un nivel muy difícil, lleno de obstáculos y peligros. Lo das todo, pero hagas lo que hagas, no lo consigues. Y entonces pasa: Game Over.
Exactamente así pasa entre Dios y nosotros. La Biblia llama a este problema «pecado». Estamos en Game Over.
El pecado no es solo «hacer cosas malas». El pecado significa que nos hemos alejado de Dios. Que vamos a lo nuestro, que ignoramos a Dios, que no creemos que exista. Y eso tiene consecuencias: dolor, inseguridad, miedo, la sensación de nunca ser suficiente.
Es como si estuviéramos atrapados en un juego sin ninguna posibilidad de superar el nivel.
Pero aquí viene la mejor noticia:
«Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que cree en él no se pierda, sino que tenga vida eterna.» (Juan 3:16)
Dios sabía que solos no lo íbamos a lograr. Por eso hizo un plan, y ese plan es Jesús.
Jesús es el Hijo de Dios, pero vino a la tierra como ser humano. Vivió sin pecado y, aun así, lo condenaron y lo mataron en una cruz.
¿Por qué? Porque pagó voluntariamente el precio de nuestro pecado.
Lo dio todo para salvarte. Murió por ti, para que puedas superar el nivel que se llama vida.
Pero no termina con su muerte. Jesús resucitó.
Eso significa que venció la pantalla de «Game Over». Jugó el mismo nivel en el que nosotros fracasamos una y otra vez. Y lo logró, porque Jesús es el código de trucos.
Volvió a abrir el camino hacia Dios.
Pero este regalo no es automáticamente para todos. Solo es tuyo cuando lo aceptas.
Imagina que Jesús viene a ti y te dice: «Oye, soy el código de trucos y, conmigo, vas a superar este nivel que se llama vida».
Puedes ignorarlo o puedes invitarlo a tu partida.
Jesús ya hizo todo por ti: solo tienes que confiar en él y aceptar el regalo.
Si crees que Jesús murió y resucitó por ti, entonces recibes todo lo que él hizo por ti:
- Perdón por todo lo que has hecho mal y por todo lo que todavía harás mal.
- Una amistad eterna con Dios.
- Fuerza y valor para vivir una vida victoriosa.
Dios no te promete que tu vida siempre será fácil. Pero sí te promete: Conmigo vas a vencer.
«Sin embargo, en todo esto somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó.» (Romanos 8:37)
Eso significa:
- Tu valor está fijado, digan lo que digan tus notas.
- Tu vida tiene sentido, aunque ahora mismo no lo veas.
- Dios te ama más de lo que te puedes imaginar.
Si crees en Jesús, vas a descubrir por experiencia propia que esto es verdad.
Cierre y oración
⏱ 10 minutos
Las verdades del separador
Basado en la lista de Neil T. Anderson (Freedom in Christ Ministries).
Dios me acepta
- Soy hijo o hija de Dios (Juan 1:12).
- Jesús me cuenta entre sus amigos (Juan 15:15).
- Dios me ha justificado (Romanos 5:1).
- Soy uno con el Señor en espíritu (1 Corintios 6:17).
- Dios pagó un alto precio por mí: le pertenezco (1 Corintios 6:20).
- Soy miembro del cuerpo de Cristo (1 Corintios 12:27).
- Dios me cuenta entre sus santos (Efesios 1:1).
- Dios me ha recibido en su familia por adopción (Efesios 1:5).
- Tengo acceso directo al Padre por medio del Espíritu Santo (Efesios 2:18).
- En Jesús tengo redención y el perdón de todos mis pecados (Colosenses 1:14).
- En Cristo he recibido la plenitud (Colosenses 2:10).
En Dios estoy a salvo
- Ya no hay ninguna condenación para mí (Romanos 8:1).
- Sé que Dios dispone todas las cosas para mi bien, porque lo amo (Romanos 8:28).
- Nadie puede acusarme ni condenarme ante Dios (Romanos 8:31-34).
- Nada puede separarme del amor de Dios (Romanos 8:35-39).
- Dios me mantiene firme, me ha ungido, me ha sellado y ha puesto su Espíritu en mi corazón (2 Corintios 1:21-22).
- Dios terminará la buena obra que comenzó en mí (Filipenses 1:6).
- Mi ciudadanía está en el cielo (Filipenses 3:20).
- Mi vida está escondida con Cristo en Dios (Colosenses 3:3).
- Dios no me ha dado un espíritu de timidez, sino de poder, de amor y de dominio propio (2 Timoteo 1:7).
- Puedo acercarme con confianza al trono de la gracia y encontrar ayuda cuando la necesito (Hebreos 4:16).
- Dios me protege, y el maligno no puede tocarme (1 Juan 5:18).
Mi vida importa
- Soy la sal de la tierra y la luz del mundo (Mateo 5:13-14).
- Soy una rama unida a Jesús, la vid verdadera (Juan 15:1-5).
- Jesús me escogió y me comisionó para dar fruto (Juan 15:16).
- El Espíritu Santo me da poder para ser testigo de Jesús (Hechos 1:8).
- Soy templo de Dios (1 Corintios 3:16).
- Dios me ha confiado el mensaje de la reconciliación (2 Corintios 5:18-20).
- Trabajo junto con Dios (2 Corintios 6:1).
- Dios me hizo sentar con Cristo en las regiones celestiales (Efesios 2:6).
- Soy hechura de Dios (Efesios 2:10).
- Puedo acercarme a Dios con libertad y confianza (Efesios 3:12).
- Todo lo puedo en Cristo que me fortalece (Filipenses 4:13).
Tus notas no definen tu valor. Ninguna persona define tu valor.
Jesús fijó tu valor hace mucho tiempo, y lo pagó con su propia vida.
Pero es una verdad que tenemos que recordar una y otra vez. En el día a día es fácil dejarse influir por otras voces que luego se nos quedan pegadas, como los pompones. Por eso tengo un separador para cada uno de ustedes.
Ahora vamos a tomarnos un tiempo para decirnos unos a otros una de estas verdades. Yo leo la primera verdad y se la digo a la persona que tengo a mi izquierda: «Eres hijo de Dios» (o «Eres hija de Dios»). Luego tú le dices la siguiente verdad a la persona de tu izquierda, y así sucesivamente.
Vuelvan a leer estas verdades una y otra vez. Pero no olviden: solo se hacen realidad en su vida cuando aceptan el regalo de Jesús.
Si tienen preguntas sobre esto o quieren hablar ustedes mismos con Jesús, después pueden acercarse a mí o a otro líder. Estamos aquí para ustedes.
Versión en español: octubre de 2026
