¿¡Sin teléfono hasta los 14!? No me lo podía creer cuando mi esposo propuso exactamente eso hace 5 años. Aposté a que, a más tardar cuando nuestro hijo cumpliera 12, cederíamos y le dejaríamos tener un smartphone. Ahora me alegro de que no nos fijáramos en los 12, porque si no, nuestro hijo ya tendría teléfono. Y como hasta hoy no hemos logrado darle ejemplo de un uso equilibrado del teléfono, probablemente tampoco habría salido bien.
¿Pero por qué un teléfono a los 10 o a los 12 todavía no es buena idea? No es solo por el mal ejemplo de los padres que lo usan sin medida, sino también porque los niños se acostumbran demasiado pronto a una muleta que, en su etapa de desarrollo, todavía no necesitan. Hasta ahora, muchos padres han defendido la idea de que, aun así, es bueno que los niños aprendan (pronto) a usar un smartphone con responsabilidad, igual que tienen que aprender, por ejemplo, a apagar la Nintendo o cerrar el libro cuando es hora de cenar o de hacer otra cosa. Algunos niños resultan muy dispuestos a aprender y muy responsables; otros, no tanto.
Pero ya no se trata de aprender a ser responsable con un aparato. Al margen de eso, actualmente se multiplican las voces en contra de que los preadolescentes tengan smartphone. Sobre todo las de padres que trabajan en el sector de la tecnología o de los medios. Se trata principalmente del smartphone en su papel de niñera que mantiene a los niños entretenidos de forma pasiva, y del uso que los niños hacen de las redes sociales.
La lista de rigor: «el teléfono es malo»
Tener teléfono no tiene por qué ser malo para la salud, pero enseguida trae desventajas:
- Pérdida de visión. «Sobre todo en los niños existe una relación entre el uso frecuente del smartphone, la tableta y la computadora (el ordenador) y la miopía», dice el Dr. Martin Zinkernagel, del hospital universitario Inselspital de Berna, en Suiza.
- Problemas para dormirse.
- Es malo para la concentración y la memoria de trabajo.
- Uno pierde la capacidad de encontrar soluciones por sí mismo.
- Invita a vivir menos el momento, porque con el teléfono es facilísimo planear el siguiente paso, por ejemplo, cómo publicar mejor ese momento en las redes sociales.
- En internet se acosa más rápido y se sufre acoso más rápido; en una conversación en línea falta mirarse a los ojos, y con eso desaparece la posibilidad de leer en los ojos del otro que uno se ha pasado de la raya.
- Las redes sociales entrenan las endorfinas del cerebro de una manera exageradamente simple. Se buscan menos las experiencias bonitas del mundo real, aunque recompensan al cerebro y nuestro desarrollo de forma más duradera.
- Un desarrollo cuestionable del yo, con las redes sociales y las comunidades de juegos en línea como vitrina. No soy yo mismo, sino que me pongo en escena, quizás incluso en varias versiones.
- Con la comparación siempre disponible con el mundo entero, y sobre todo con influencers que se muestran de forma maravillosa, aumenta el riesgo de menospreciarse y, con ello, de caer en la depresión.
- Es demasiado fácil desaparecer en grupos donde todos piensan igual (pensemos en la trampa misógina de Andrew Tate).
«Todos tienen teléfono»: ¿qué hacer con la presión?
El reto evidente, claro, es que nuestros hijos no quieren perder la conexión (digital) con sus amigos. En Alemania y en Suiza se ha impuesto que, a más tardar al empezar la secundaria, se tiene teléfono. Así que, si todos tienen smartphone y todos están en el chat de la clase, tu hijo se pierde bastante.

Entonces, ¿qué hacemos con la presión de tener que tener un smartphone? Hacemos contrapresión. Formamos un club. Nos aliamos con gente que lo ve como nosotros y cuyos hijos tienen la misma edad.
Primero supimos por un director de escuela que sus hijos no tendrán teléfono hasta los 14 («¡Como mínimo!»). Ahora oímos a otros padres de la escuela decir que tienen una postura crítica frente al uso temprano del teléfono. Pero lo mejor que nos pudo pasar son nuestros vecinos. Él es psicólogo y está lleno de conocimientos sobre la psicología positiva, la optimización personal y la tan buscada «buena vida». Los dos son influencers en YouTube e Instagram, así que usan los medios muchísimo. Una noche nos preguntaron con mucha timidez qué pensábamos nosotros del smartphone para niños. Y ahora cultivan aliviados la amistad con nosotros, porque encontraron aliados en su plan de no permitirles a sus hijos tener teléfono hasta los 14. Nuestros hijos no viven alejados de los medios: lo primero que hizo el niño de los vecinos fue enseñarle a nuestro hijo un juego en el iPad. Pero pueden consolarse mutuamente si antes de los 14 alguna vez se sienten de verdad excluidos de un chat. Y mientras tanto cultivan la amistad a la antigua: cara a cara.
Los niños necesitan amigos de su edad, y los padres, aliados en la crianza.
Metas hasta los 14
- El niño aprende a desenvolverse solo en la vida. Leer un mapa de la ciudad o el horario del autobús, sacar un libro de la biblioteca, cocinar, enviar algo escrito a mano (por cierto, escribir a mano fortalece la conexión entre los dos hemisferios del cerebro). Para mí, como madre mal acostumbrada por el smartphone y por eso obsesionada con el control, esta meta es un poco difícil. Dejo que nuestro hijo viaje en tren por toda Suiza sin teléfono, y solo al final sé si llegó bien.
- El niño tiene más tiempo para descubrir la naturaleza con los ojos abiertos. Como madre, lo mando más a menudo al aire libre. O hago actividades con él.
- A los 14, el niño ya habrá tenido cuatro años de clases de medios e informática en la escuela y para entonces sabrá más sobre las fortalezas y debilidades del mundo digital. Por cierto, Paula Bleckman, autora del libro alemán Medienmündig (algo así como «Madurez mediática»), defiende una especie de licencia de conducir para el uso de los medios, igual que a distintas edades uno puede y debe demostrar que está preparado para circular en bicicleta, en ciclomotor y en auto.
- El niño sabe que puede acudir a nosotros, sus padres, con todo lo que vive en internet. O a otras personas cercanas de confianza. Mantengo el diálogo con mi hijo reservando con regularidad tiempo para salir a caminar o a pasear en bicicleta con él.
- El niño entrena sus habilidades en redes sociales dentro de la familia. Hace videollamadas por FaceTime con los abuelos, graba videos de TikTok con mamá.
Llegar a acuerdos.
¿Y si ya le prometiste a tu hijo un smartphone para una fecha concreta y ahora te das cuenta de que es demasiado pronto? ¿O quieres estar en contacto con tu hijo cuando anda solo por ahí? Para eso está, claro, el viejo y buen arte de llegar a acuerdos. Las voces críticas se refieren sobre todo al uso excesivo del smartphone y al uso de las redes sociales.
- Quizás la solución sea un smartphone con un control parental estricto, que el primer año solo permita apenas una hora de uso al día. O prohíbes las redes sociales. Una investigación reciente con adultos muestra que limitar el uso de las redes sociales a unos 30 minutos al día puede mejorar notablemente el bienestar.
- Quizás la solución hasta los 14 sea un teléfono que solo sirva para llamar. Quizás también puedas ofrecerle a tu hijo que el chat de la clase vaya a tu número. Por cierto, encontrarás información sobre cómo configurar el control parental en las páginas de ayuda de Apple (iPhone y iPad) y de Google Family Link (Android).

«Los chicos de mi entorno casi siempre reciben un teléfono pronto, muchos ya en la primaria, a veces sin ninguna protección y con acceso a todo lo que ofrece el teléfono. Los chicos de nuestra iglesia normalmente no reciben su teléfono hasta los 12 o incluso hasta los 16. Los padres también manejan internet de formas totalmente distintas. Algunos ponen límites de tiempo al wifi de casa, mientras que otros ofrecen el punto de acceso de su teléfono para controlar así el tiempo con y sin conexión. Pero también hay familias donde no hay ningún límite. Lo que queda claro una y otra vez en todas las conversaciones con los adolescentes: quien quiere conseguir algo, encuentra la manera. Los adolescentes son creativos. Así que piden prestados aparatos viejos a sus amigos o usan el wifi gratis de las tiendas cercanas.»
Versión en español: octubre de 2026

