En mayo tuve el privilegio de hablar ante varios cientos de líderes jóvenes en el Pfingstjugendtreffen, un encuentro juvenil de Pentecostés en Aidlingen (Alemania). Aquí tienes toda la charla en forma de artículo: para leerla con calma, compartirla y trabajarla con tu equipo. Si prefieres verla, aquí mismo tienes el video (en alemán).
En Rumanía, donde vivo con mi familia como misionero, hay parras en casi todos los patios. Pero no se parecen a las de Alemania. Allí las vides se mantienen bajas y se podan para que den fruto. Aquí las dejamos trepar muy alto por encima de los patios, porque lo que queremos sobre todo es una cosa: sombra.
Se poda para la comodidad, no para el fruto. Y eso mismo pasa en las iglesias. Tarde o temprano, todo el programa está estructurado para producir cada vez más comodidad para los miembros, y menos fruto para aquello que Dios tenía pensado en realidad.

Peter F. Drucker dijo: «La cultura se come a la estrategia en el desayuno». Yo lo digo de forma aún más tajante: la cultura se lo come todo. Puedes hacer los planes más grandes y levantar la mejor iglesia; si la cultura no está bien, el proyecto se va a pique.
Así que la pregunta no es si tu ministerio juvenil tiene una cultura. La tiene. La pregunta es quién la moldea. Y para eso vale la pena mirar a quien construyó la cultura más fuerte de la historia del mundo: Jesús, en el primer año y medio de su ministerio.
Si Jesús fuera una IA
Lo sé, suena casi blasfemo. Pero imagina por un momento que Jesús fuera una IA y que tuvieras que escribir su prompt de sistema: una sola frase que determine cómo funciona. ¿Qué escribirías?
¿«Responde todas las preguntas con amor»? ¿«Ancla todo en la Palabra de Dios»? Las dos son buenas respuestas. Pero cuando miro a Jesús, veo otra cosa. Cada vez que enseña, vuelve a un mismo punto: Hago la voluntad del Padre. Y cuando enseña a orar a sus discípulos, sale a la luz con toda su fuerza: «Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad» (Mateo 6:9-10).
Ese es el prompt maestro. Jesús está optimizado para la santidad de Dios: todo lo que hace apunta a ella, cumple la voluntad del Padre y construye su reino.
¿Trabajas con Dios o para Dios?
Y ahora la pregunta incómoda para nosotros: ¿trabajas con Dios en su reino o trabajas para Dios?
Los maestros de la ley y los fariseos, con los que Jesús chocaba constantemente, hacían cosas para Dios, pero en su propio interés. Su programación era otra: los movía lo que los demás pensaban de ellos, vivían pendientes de su imagen ante la gente. Es una diferencia de programación pequeña, pero de enorme alcance. Porque quien trabaja para Dios y recibe críticas se adapta, como Pedro, que más tarde cedió cuando llegó la presión. Quien trabaja con Dios solo se pregunta: ¿cuál es la voluntad del Padre y cómo la cumplo de manera que el Padre reciba la honra?

Nuestro prompt maestro solo tiene dos órdenes
Supongamos que Jesús nos diera un prompt a nosotros. ¿Cuál sería su frase para nosotros? Podemos buscarla:
«Se me ha dado toda autoridad en el cielo y en la tierra. Por tanto, vayan y hagan discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a obedecer todo lo que les he mandado a ustedes. Y les aseguro que estaré con ustedes siempre, hasta el fin del mundo» (Mateo 28:18-20)
En español suena a toda una lista de tareas. Pero en el texto original solo hay dos imperativos de verdad: Hagan discípulos. Y: Miren (la NVI lo traduce como «les aseguro»): mírenme, fíjense bien en mí. Bautizar y enseñar son formas de expresarlo, el cómo. Las órdenes de verdad son: haz discípulos que a su vez hagan discípulos. Y estudia a Jesús tan de cerca que absorbas su cultura.
La mayor parte de nuestra vida debería dedicarse a observar a Jesús de cerca: ¿cómo maneja las situaciones? ¿Cuáles son sus hábitos, sus prioridades?
Eso es justo lo que vamos a hacer ahora. Lo que sigue son cinco prioridades de los primeros 18 meses del ministerio de Jesús. Se construyen una sobre otra y son la base del libro Ministry Foundations, con el que ya hemos formado a más de 8000 líderes en Europa (más sobre esto al final).
Prioridad 1: La oración
El punto de partida del ministerio público de Jesús es su bautismo. Dios lo confirma: «Este es mi Hijo amado» (Mateo 3:17). ¿Y qué es lo primero que hace Jesús después? Se va al desierto, cuarenta días, a ayunar y orar (Mateo 4:1-2).
Detente un momento: ¿qué sería lo primero que harías tú si empezaras oficialmente un ministerio que debe cambiar el mundo? ¿Orarías y ayunarías cuarenta días? Es algo totalmente contracultural. Pero para Jesús, la prioridad más fuerte es una relación de oración fuerte con el Padre.
El teólogo P. T. Forsyth formuló una idea que está entre las más desafiantes que he leído sobre la oración: consideramos que el asesinato, el adulterio o el robo son los peores pecados. Pero la raíz de todo pecado es la autosuficiencia, la independencia de Dios. Quien no espera en oración la guía de Dios dice con sus hechos, si no con sus labios: no lo necesito.
Se puede discutir. Yo simplemente lo dejo aquí.
El reto 21:21
Lo que la oración cambia en la práctica lo viví con grupos de jóvenes de Viena. Les lancé un reto: durante 21 días, cada noche a las 21:21, oren por sus jóvenes, uno por uno y por su nombre. La primera noche terminamos a los cinco minutos. La segunda, también. Entonces lo vimos claro: En realidad solo conozco los nombres. No tengo ni idea de en qué punto están estos jóvenes, qué les preocupa, cuáles son sus desafíos. Así que los líderes empezaron a preguntar: «Oye, ¿y tú cómo estás, de verdad?».
De la oración nacieron las relaciones. Ese es el orden correcto. Así lo hizo Jesús: primero de lleno en la relación con el Padre, después de lleno en las relaciones con las personas. Por cierto, los grupos de Viena siguen orando hasta hoy, cada noche, a las 21:21.
Si de este artículo te llevas una sola cosa, que sea este reto.
Prioridad 2: Las relaciones
Fíjate en lo que hace Jesús después del desierto. Juan 1 se lee como el registro de sus primeros catorce días: Juan el Bautista da testimonio de él, dos de los discípulos de Juan siguen a Jesús y le preguntan: «¿Dónde te hospedas?». ¿Y Jesús? Les dice: «Vengan a ver» (Juan 1:39). Se los lleva a su casa, pasa el día con ellos, comparte la vida.
No busca un escenario. Conoce a los hermanos y a los amigos de sus discípulos, va con ellos a Galilea, a una boda. El Hijo de Dios no pasa la mayor parte del tiempo en el templo ni en una oficina, sino en comunidad.
Y fíjate en Natanael. Ante la noticia del Mesías reacciona con una burla: «¡De Nazaret! ¿Acaso de allí puede salir algo bueno?» (Juan 1:46). Jesús responde con cariño y se lo gana, porque para él la relación es más importante que tener razón.
Construir relaciones en tres niveles
Cuando era capellán escolar en Lörrach, Alemania, aprendí a construir relaciones de forma sistemática. Suena poco romántico, pero así surgen la mayoría de las amistades, sin que nos demos cuenta. Tres niveles, idealmente todos a la vez:

- Ver y ser visto. Iba todos los días al comedor de la escuela para que los alumnos me vieran. Quien está presente con regularidad pasa a formar parte del entorno. Rige el viejo principio: lejos de los ojos, lejos del corazón. ¿Te dejas ver con regularidad por las personas que te importan?
- Hacer buenas preguntas. La palabra latina interesse significa literalmente «estar entre»: en medio de la vida de los demás. Lo contrario, en griego, es el idiotes: alguien que no quiere saber nada de la vida que lo rodea. O tienes interés, o eres, en el sentido griego, un idiota. Así que no seas idiota: haz buenas preguntas.
- Vivir aventuras juntos. Hombro con hombro. Láser tag, excursiones, los lugares a los que vas de todos modos. De ahí salen las historias de «¿te acuerdas de aquella vez?», de las que se alimentan las relaciones durante años.
Ritmo, reglas, rituales
Si no solo quieres construir relaciones individuales, sino una verdadera comunidad, necesitas tres R:

Ritmo: Lo ideal es cada semana. Cada dos semanas se vuelve difícil; una vez al mes es casi imposible. La mayoría de los ministerios juveniles no fracasan por falta de ideas, sino porque no mantuvieron un buen ritmo el tiempo suficiente. Reglas: No me refiero al legalismo, sino a la claridad. Como en una fiesta en una casa en la que no sabes si quitarte los zapatos: sin expectativas conocidas, nadie se siente a gusto. Comunica cómo lo hacen ustedes: aquí nos tratamos de tú, queremos lo mejor los unos para los otros. Rituales: Cuando nos reunimos, cantamos, oramos, abrimos la Palabra de Dios y nos fortalecemos unos a otros para seguir a Jesús.
Y una cosa más que quiero decirle con fuerza a nuestra generación: Dios te regaló un cuerpo. Úsalo para seguir a Jesús. Vivimos todo en la cabeza y en las pantallas. Pero cuando Jesús ora, se arrodilla, levanta las manos. Ora en voz alta alguna vez. Construye relaciones hombro con hombro, no por Zoom.
Prioridad 3: La Palabra de Dios
Jesús cita las Escrituras constantemente. Ya en su primera semana, los discípulos lo reconocen como «aquel de quien escribió Moisés en la Ley» (Juan 1:45). ¿Por qué es tan importante esto para nosotros? Porque la Biblia contiene una cosmovisión totalmente opuesta a la de nuestra cultura.
Un ejemplo: la Biblia describe tres enemigos a los que debemos enfrentar con tácticas totalmente distintas. El mundo, el sistema enemigo de Dios hecho de afán de figurar y de vivir para el placer: no debes amarlo (1 Juan 2:15). La carne, los viejos patrones de conducta: debes darle muerte por medio del Espíritu (Romanos 8:13). Y el diablo: debes resistirlo, y huirá (Santiago 4:7). No puedes matar al diablo ni hacer huir al mundo. Quien no conoce la Biblia confunde las tácticas.

Y cuando enseñes la Biblia, no te limites a predicar verdades al aire. Responde a las preguntas que los jóvenes tienen de verdad. Para eso primero necesitas la relación, porque solo en la relación descubres las preguntas reales. Entonces la Palabra de Dios se convierte en la mejor respuesta que existe.
¿Qué preguntas se hacen hoy de verdad los jóvenes?
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Prioridad 4: La visión
De niña, Diana Nyad estaba en la playa con su padre, y él le dijo que su nombre significaba «ninfa del agua»: nadar era su vocación. Esa visión nunca la abandonó. Intentó una y otra vez nadar de Cuba a Florida y fracasó, hasta que lo logró a los 64 años: más de cincuenta horas seguidas, atravesando bancos de medusas, medio muerta, pero llegó. Todo porque alguien le había dicho una vez lo que llevaba dentro.
Eso mismo hace Jesús. Conoce a Simón, un pescador con problemas de dinero que muchas veces habla antes de pensar, y en su primer encuentro le dice: tú eres Pedro, la roca sobre la que edificaré mi iglesia (Juan 1:42; Mateo 16:18). A partir de ese momento, no de inmediato, pero poco a poco, su vida va por otro camino: lejos del viejo Simón que habría seguido siendo, hacia la roca.
Así comunicas visión a los jóvenes. Primero di: «Creo que para ti es posible otra vida». Hazlo imaginable. «Me imagino que algún día vas a ser un líder de alabanza muy bueno». Y después formúlalo como un zapato: «Aquí tengo un zapato para ti. Pruébatelo. ¿Te queda bien?». Así quitas la presión profética y, aun así, das dirección.

Y ora para que Dios te muestre una visión para cada persona de tu grupo. Por cierto, no creo que Dios te ate a un trabajo concreto y que tu vocación esté perdida si no das con ese trabajo. Para él es mucho más importante que estés cerca de su corazón. Ahí tienes mucha libertad.
Prioridad 5: El amor
Un amigo mío empezó un club de música underground en su iglesia. Cada viernes venían 70 u 80 jóvenes de la zona que no tenían nada que ver con la iglesia: bien arreglados, con sus pausas para fumar, todo el paquete. Funcionaba de maravilla. Entonces trajo también a los chicos de su iglesia. Vinieron una sola vez, repartieron legalismo («¡Aquí no se puede fumar!»), y aquellos 70 u 80 no volvieron nunca más. Se habían sentido rechazados, porque no sintieron el amor.
Esta es la prioridad de la que depende todo. Y se nota en si les transmitimos a los jóvenes las tres mejores respuestas del mundo a las tres preguntas más grandes de la humanidad:
¿Quién soy? Soy suficiente gracias a lo que Jesús hizo por mí. La palabra fuerte es suficiente: no tengo que demostrar nada ni ganarme nada. ¿A dónde pertenezco? Al pueblo de Dios, a las personas que, como yo, han sido llamadas a Jesús. ¿Qué puedo aportar? Estoy invitado a participar en una historia más grande: la de Dios.
Las tres respuestas tienen algo en común: me sacan del centro de mi universo y ponen a Dios en ese lugar. No tengo que realizarme a mí mismo. Y, sinceramente, eso me da una paz inmensa.
Tus preguntas de la sesión de preguntas y respuestas
¿Cómo puedo llegar todavía hoy a los jóvenes?
Construir relaciones sigue siendo siempre igual: ver y ser visto, meterte en su mundo. La palabra para eso es encarnacional: Jesús se hizo hombre y plantó su tienda entre nosotros (Juan 1:14). Pero el camino ha cambiado: hoy los jóvenes pasan muchísimo tiempo solos, el tiempo de pantalla aumenta y las conductas de riesgo clásicas disminuyen. La mayoría de quienes llegan hoy a la fe tienen su primer contacto con un creador de contenido cristiano, después van a un evento y solo después llegan a una iglesia. El embudo ha cambiado. Para ti eso significa: quédate cerca de las personas de tu entorno, construye relaciones uno a uno y ora para que Dios abra puertas. Confía en que el Espíritu Santo está preparando a personas para ti.
¿Cómo transmito valores a los niños (de 7 a 13 años)?
Las mismas verdades, con palabras para niños, y una y otra vez. Nuestros cuatro hijos son adoptados y son romaníes, y lo más difícil para ellos han sido su color de piel y los estigmas de nuestra cultura. Lo que les decimos una y otra vez: cada uno de ustedes es suficiente gracias a lo que Jesús hizo por ustedes. Ni su documento de identidad, ni su color de piel, ni su rendimiento les dan valor, sino Jesús, y a todos nosotros por igual.
¿Qué hago con los jóvenes con los que no puedo contar?
Primero, la dura verdad: es una cuestión de cultura, y la cultura no se cambia en un día. Puedes comunicar expectativas más altas («Servir es un privilegio»), pero si aprietas demasiado la tuerca, crías una iglesia esnob. Yo creo en el otro camino: primero la relación tiene que ser fuerte. Quien sabe que tienes un interés real en él te sigue con gusto y también te avisa cuando no puede venir. Y muchas veces el problema real no es que no se pueda contar con la gente, sino que nuestros programas han crecido sin control: dan sombra y mantienen la maquinaria en marcha, pero ya no dan fruto. Conocemos el efecto del costo hundido: ya hemos invertido tanto que esto tiene que seguir. A veces la decisión más valiente es podar programas e invertir en relaciones el tiempo que queda libre. Sé lo difícil que es. Pero justo ahí la cultura empieza a cambiar.
El libro detrás de esta charla
- Ministry Foundations (en inglés), de Dave Patty, analiza los primeros 18 meses del ministerio de Jesús y los seis hábitos que marcaron su cultura, e incluye una autoevaluación para tu equipo. Con él hemos formado a más de 8000 líderes en Europa, y se usa en escuelas bíblicas y seminarios desde Alemania hasta Lviv. Escríbenos a través de nuestro formulario de contacto y te contamos cómo conseguirlo.
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