¿Cómo logra dar un giro una iglesia que está a punto de cerrar? El libro Anatomy of a Revived Church muestra qué hacen de otra manera las iglesias que lo consiguen, y por qué hay esperanza para tu iglesia. Aquí tienes lo que más le abrió los ojos a Christian Holfeld.
Leí un libro muy interesante, pero también provocador: Thom S. Rainer estudió iglesias que estaban a punto de cerrar y que, aun así, vivieron una renovación. Su pregunta es: ¿qué hicieron de forma distinta a las que sí tuvieron que cerrar? Resume sus conclusiones en Anatomy of a Revived Church. Estos resultados me animaron a no perder la esperanza: aunque en la iglesia ya solo quede un puñado de personas, no debemos desanimarnos. A continuación encontrarás lo que más me abrió los ojos, junto con propuestas concretas y preguntas de coaching para ti.
Introducción
Muchas iglesias, sean de la denominación que sean, luchan con la disminución del número de miembros, el envejecimiento y el estancamiento. Pero hay esperanza para las iglesias que se tambalean, subraya Thom S. Rainer en su libro Anatomy of a Revived Church («Anatomía de una iglesia revivida»). Rainer, autor y consultor de iglesias con mucha experiencia, deja algo claro desde el principio: tarde o temprano, toda iglesia llega a una encrucijada, el cambio o el cierre. Y lanza una observación provocadora:
«Si pueden elegir entre la vida y la muerte, la mayoría de los miembros y de los líderes de iglesia eligen la muerte si eso implica hacer cambios profundos en sus iglesias.»
Rainer basa esta afirmación en el artículo de Alan Deutschman «Change or Die» (Fast Company, 2005, en inglés) y en estudios médicos similares (por ejemplo, lo que se constató en la Universidad Johns Hopkins: dos años después de un baipás coronario, alrededor del 90 % de los pacientes cardíacos no han cambiado su estilo de vida poco saludable, aunque les va la vida en ello). Quiere mostrar que las personas a menudo evitan el cambio incluso cuando se trata de decisiones vitales. Al aplicar esta idea a las iglesias, Rainer concluye que muchos líderes y miembros prefieren aferrarse a lo conocido, aunque eso ponga en peligro la continuidad de su iglesia. En cierto modo, eligen la «muerte», porque el miedo a los cambios profundos pesa más.
Dicho de otro modo: las iglesias mueren porque evitan los cambios necesarios. En su libro, breve y práctico, Rainer describe siete principios que descubrió en iglesias que lograron volver de la agonía a la vida. En cada principio, unas preguntas de coaching te invitan a revisar con sinceridad cómo funciona tu propia iglesia. Déjate motivar: el cambio puede ser trabajoso, pero es posible, ¡y vale la pena!
Los siete principios de las iglesias revitalizadas
1. Asumir la responsabilidad en lugar de buscar excusas
Según Rainer, el primer paso hacia la renovación es que las iglesias dejen de culpar a las circunstancias externas de su declive. En las iglesias moribundas se oyen frases como estas:
«A la gente de fuera no le interesa la iglesia.» O: «La megaiglesia de al lado nos está robando a los miembros.»
Estas iglesias echan la responsabilidad hacia fuera, y se quedan de brazos cruzados. En cambio, las iglesias revitalizadas reconocen: el problema no está (solo) «ahí fuera»: ¡nosotros mismos tenemos que cambiar algo! Rainer lo resume de forma tajante:
«Las iglesias moribundas culpan a los demás. Las iglesias avivadas asumen su responsabilidad.»
Esto significa que los líderes y los miembros aceptan la responsabilidad que Dios les ha dado de alcanzar y cuidar a las personas dentro y fuera de las paredes de la iglesia, en lugar de buscar razones por las que supuestamente eso no es posible.
Preguntas de coaching
- En tu iglesia, ¿tiendes a buscar razones fuera (la secularización de la sociedad, la competencia de otras iglesias, la falta de recursos) para explicar por qué nada avanza? Una prueba práctica: fíjate en lo que se habla en tu equipo de liderazgo. ¿Se trata más de quejas sobre las circunstancias o de pasos concretos que ustedes mismos pueden dar?
- ¿Qué papel ocupas en la red de relaciones de tu iglesia, y cómo cambiaría la convivencia si, desde ese papel, asumieras con constancia la responsabilidad de un área?
- ¿Y si mañana anunciaras que, ante un problema concreto, vas a dejar de quejarte de las circunstancias externas y vas a poner en marcha una solución concreta? ¿Cómo reaccionaría el equipo?
¡Asume la responsabilidad! Busca al menos una cosa que tú y tu equipo puedan emprender de inmediato para mejorar su situación. La misión que Dios ha dado a la iglesia es para ustedes, y él también les dará la fuerza si asumen esa responsabilidad. El cambio empieza cuando dices: «Sí, tenemos un problema, y con la ayuda de Dios vamos a poner de nuestra parte para resolverlo».
2. Cuestionar las tradiciones: ¿qué hacemos con las vacas sagradas?
Otra característica de las iglesias revividas: no se dejan atrapar por tradiciones que nunca se cuestionan. Las tradiciones no son malas en sí mismas, pero pueden convertirse en una trampa invisible. Rainer advierte: cuando ciertas costumbres o formas se convierten en una fijación o una obsesión, se transforman en ídolos. Dicho de otro modo: donde «siempre lo hemos hecho así» se vuelve más importante que la misión misma, la tradición le estorba a la misión. Estas «vacas sagradas» pueden ser cosas muy distintas: desde ciertos estilos de música y de culto o esquemas rígidos hasta la estructura de comisiones o incluso el uso de las instalaciones de la iglesia. Las iglesias revitalizadas tuvieron el valor de revisar estas cosas con sinceridad. Se preguntaron: ¿Esta tradición todavía nos ayuda a alcanzar a las personas y a seguir a Jesús? Si la respuesta era no, estaban dispuestas a soltarla o a atreverse con algo nuevo, aunque al principio resultara incómodo.
Preguntas de coaching
- ¿Qué «vacas sagradas» hay en tu iglesia? ¿Hay programas, costumbres o formas muy queridas que nadie se atreve a cuestionar, aunque apenas den fruto?
- ¿Qué pasaría si dejaran de hacerlo o lo hicieran de otra manera? ¿Perjudicaría su misión, o quizá incluso abriría nuevas posibilidades?
- Supongamos que pudieran eliminar una tradición sin ningún riesgo: ¿cuál suprimirían primero, y qué dice eso de por qué se aferran a ella?
- Si alguien de fuera observara sus cultos, ¿qué tradición le llamaría la atención primero, y qué efecto tendría replantear esa forma de raíz?
Haz una lista de esas tradiciones y hablen abiertamente en equipo sobre su valor. Atrévanse a poner las costumbres que tanto aprecian al servicio de la misión. Cambiar no significa tirar todo lo antiguo, sino estar dispuestos a ponerlo en manos de Dios cuando se convierte en un obstáculo para las personas. Porque la tradición debe servir a la iglesia, y no la iglesia a la tradición.
3. Definir nuevos indicadores: entender el éxito de otra manera
En realidad, ¿cómo se sabe si una iglesia está sana y avanza? Muchas iglesias han definido su «índice de éxito» de forma demasiado estrecha, casi siempre en cifras de asistencia a los cultos o de finanzas. Rainer descubrió que las iglesias revitalizadas ampliaron su «medición del éxito». Ya no miraban solo las cifras visibles (como el número de miembros), sino sobre todo el crecimiento espiritual y el fruto misionero.
«Las iglesias revividas no se obsesionan con las cifras; engrandecen a Dios haciendo discípulos», así describe Rainer el nuevo enfoque (traducción libre).
Así que, en lugar de limitarse a contar cuántos vienen el domingo, estas iglesias se preguntan: ¿Se está formando a las personas como discípulos? ¿Crecen la fe y la entrega? ¿Hay conversiones y bautismos? De hecho, las iglesias renovadas empezaron «a llevar las cuentas de otra manera y a anotar también las conversiones en el marcador», es decir, a fijarse más conscientemente en si las personas llegan a una fe viva, y no solo en si los programas funcionan.
Preguntas de coaching
- ¿Cómo miden si su iglesia va por buen camino? ¿Se quedan en cifras fáciles de medir (número de asistentes, ofrendas, uso de las instalaciones) o tienen indicadores de crecimiento espiritual?
- ¿Qué pequeños indicadores podrían registrar desde ya para ver si el discipulado crece (por ejemplo, el número de testimonios personales), y cómo van a empezar de inmediato?
- ¿Qué cambiaría en la forma de actuar de tu equipo de liderazgo si, además de las cifras de asistencia, anotaran también cada semana un ejemplo de vida en comunidad?
Piensen cómo pueden hacer visibles estas cosas y celebrarlas. Porque lo que se celebra es lo que se vuelve importante en la iglesia. Que les sirva de recordatorio: al final, lo que debería quedar no es «tuvimos 200 asistentes», sino más bien «a través de nosotros, hay personas que han sido transformadas y salvadas. Han experimentado la reconciliación y se la han anunciado a otros…». El éxito en el reino de Dios se mide de otra manera, la calidad antes que la cantidad, y las iglesias revitalizadas reorientan su mirada en consecuencia.
4. Dar prioridad a la oración: primero, de rodillas
La verdadera renovación, en definitiva, no es obra humana, sino obra de Dios; por eso la oración apasionada desempeña un papel clave en todas las iglesias revividas. Rainer constató que en la mayoría de las iglesias moribundas la oración se había vuelto algo marginal: a menudo solo unos pocos fieles oraban en segundo plano, mientras la mayoría apenas participaba. En las iglesias revitalizadas, en cambio, la oración pasó a ser (de nuevo) una prioridad. Rainer lo formula así:
«La oración es a la vez un requisito previo para la revitalización y un fruto de ella.»
Dicho de otro modo: sin una oración intensa no hay verdadera renovación, y donde hay renovación, la oración sigue creciendo. Algunas iglesias empezaron nuevas reuniones de oración, formaron grupos de oración o llamaron a toda la iglesia a interceder con regularidad. Lo que más llama la atención: estas iglesias no oraban solo por sí mismas, sino también por otras iglesias de su zona. En lugar de pensar en términos de competencia, le pedían a Dios que obrara algo nuevo en todas partes.
Preguntas de coaching
- ¿Qué lugar ocupa de verdad la oración en tu iglesia? ¿Casi no se ora, aparte de unas breves peticiones el domingo? Entonces es una señal de alarma.
- ¿Cómo influye tu vida de oración personal en la cultura de oración del equipo, y qué pasaría si, de forma visible, impulsaras más tiempos de oración?
- Si Dios ignorara sus planes para los próximos meses hasta que pusieran en marcha una iniciativa de oración seria, ¿en qué lo notarían?
Piensa en concreto: ¿dónde pueden darle (de nuevo) más espacio a la oración? Quizá con noches de oración semanales, círculos de oración en los grupos pequeños o una semana de oración continua, las 24 horas. Pregúntate también: como líder, ¿eres tú un ejemplo en la oración, o se lo dejas a la «abuelita que ora» de la iglesia? Tómate en serio la oración en tu propia vida y hazle espacio en la vida de la iglesia. Pongan conscientemente la oración al principio de sus planes y actividades (y no como último recurso). Porque sin oración construimos nuestro propio reino, pero con oración esperamos que Dios intervenga. Si le dan prioridad a la oración, todo cambiará según la voluntad de Dios: en sus corazones y, por tanto, en su iglesia.
5. Afrontar las conductas tóxicas: detectar el veneno y eliminarlo
En las iglesias en crisis se suele encontrar un ambiente envenenado: conflictos latentes, luchas de poder, gente que se queja de todo o grupitos cerrados. Rainer llama a estas influencias destructivas «toxinas» en la iglesia. Si se quedan, pueden extenderse y matar a la iglesia por dentro con los años. Las iglesias revitalizadas, en cambio, se enfrentaron a sus «venenos». Es decir: identificaron las conductas poco sanas y las abordaron con valentía. Es importante entender qué significa exactamente «tóxico». Una persona tóxica no es simplemente alguien que critica de vez en cuando, sino alguien que divide y envenena de forma constante, por ejemplo hablando mal de los demás todo el tiempo, buscando pleitos o saboteando las decisiones tomadas en común. Las iglesias sanas viven una cultura de retroalimentación abierta y constructiva, pero no ignoran las conductas tóxicas. Rainer cuenta que las iglesias revividas aprendieron a confrontar las conductas dañinas: en conversaciones pastorales y, si hacía falta, también con medidas del liderazgo de la iglesia. Establecieron una cultura en la que reina el ánimo en lugar de la amargura. Así se transforma la comunidad:
«Las iglesias sin vida espiritual tienen miembros enojados que culpan a los demás; las iglesias avivadas tienen miembros que se sirven y se animan unos a otros.» (Traducción libre según Rainer)
Preguntas de coaching
- ¿Hay en tu iglesia patrones «tóxicos» que todos conocen, pero de los que nadie habla? ¿Quizá una persona que envenena el ambiente con sus quejas constantes? ¿O grupitos ocultos que dejan fuera a otros?
- Si escucharas, como alguien de fuera, la forma en que se habla de los conflictos, ¿qué señales de dinámicas tóxicas notarías, y cómo se lo harías ver al equipo?
- ¿Qué primera medida pequeña podrían tomar de inmediato como liderazgo para cortar esos patrones tóxicos, y cómo la van a poner en práctica en concreto y pronto?
¡Atrévanse a no aceptarlo sin más! Afronta el problema, con amor, pero con claridad. Habla con las personas implicadas, busquen juntos el cambio o la reconciliación. Si tú mismo notas que el rencor o la negatividad echan raíces en tu corazón, sácalos a la luz y pídele a Dios un corazón nuevo. Y recuerda: también la forma de liderar puede resultar tóxica (por ejemplo, la obsesión por controlarlo todo o la falta de amor). Como responsables, examínense con sentido crítico. El mensaje es claro: las toxinas tienen que salir del organismo que es la iglesia para que pueda sanar. A veces duele, pero es necesario, y al final la iglesia respirará aliviada cuando el Espíritu de Dios haya limpiado el «ambiente».
6. No esperar remedios milagrosos: paciencia en lugar de soluciones instantáneas
En su desesperación, las iglesias moribundas suelen buscar la receta milagrosa: «¡Si tan solo compráramos X o contratáramos a Y, todo iría bien!» Ya sea un programa nuevo, el pastor joven y dinámico, un escenario moderno o el evento de moda, se espera que un solo cambio resuelva de golpe todos los problemas. Pero las iglesias revitalizadas se dieron cuenta: esas «varitas mágicas» no existen. En lugar de esperar el gran golpe liberador, apostaron por muchos pasos pequeños de cambio fiel. Rainer describe cómo las iglesias revividas dejaron de buscar fórmulas infalibles. Se concentraron, en cambio, en lo que la Biblia deja claro desde hace mucho: anunciar la verdad, practicar el amor, el discipulado y la oración, y lo hicieron con perseverancia.
«Un verdadero cambio en nuestras iglesias tiene que estar arraigado en las verdades de la Biblia, empapado de oración e impulsado únicamente por el poder de Dios.»
Esta cita (traducción libre) resume lo esencial. Ningún truco de marketing y ningún evento aislado pueden sustituir el poder transformador de Dios. Por supuesto, las iglesias revitalizadas también probaron cosas nuevas, pero sabían que, al final, es Dios mismo quien da el crecimiento, y que un cambio profundo requiere tiempo, oración y perseverancia.
Preguntas de coaching
- ¿Esperas en secreto un «remedio milagroso» para tu iglesia?
- ¿Qué pasaría si contaran con que la renovación va a tardar diez años? ¿Cómo cambiarían desde hoy su planificación, el reparto de sus recursos y su motivación?
- Si un supuesto remedio milagroso desapareciera de repente (por ejemplo, un programa, una fuente de ingresos o unos expertos externos), ¿en qué se apoyarían entonces, y cómo lo fortalecerían?
Pongan los cimientos y anímense a tener paciencia y aguante. Mejor inviertan su energía en poner en práctica con constancia los principios anteriores, en lugar de esperar el gran golpe. Y si aun así buscan «ideas de fuera», pruébenlas a la luz de la Palabra de Dios y adáptenlas a su situación, en lugar de seguir a ciegas cada moda. No hay ningún programa mágico que pueda sustituir a Dios. Pero si siembran y riegan con fidelidad, Dios hará crecer el fruto a su tiempo. Así que no se desanimen si el éxito no llega de la noche a la mañana. Mejor pequeños avances reales que grandes llamaradas que se apagan enseguida.
7. Ser miembro con expectativas claras: avanzar juntos con compromiso
Por último, pero no menos importante: las iglesias revividas redefinen la membresía como una comunidad comprometida, con expectativas. En muchas iglesias, ser «miembro» es poco más que un estatus formal. Uno figura en el papel, sin que eso lleve a mucho. Las iglesias revitalizadas rompieron con eso. Lo dejaron claro: ¡ser miembro de la iglesia significa formar parte del cuerpo activo de Cristo! Eso incluye expectativas como participar con regularidad en la vida de la iglesia, compartir las tareas, crecer espiritualmente y aportar los propios dones. En algunas iglesias, a los nuevos miembros se los preparó para esa responsabilidad con cursos de membresía obligatorios. A los miembros de siempre se les recordó, con amor pero con claridad, a qué habían dicho «sí». La iglesia no es un espectáculo para espectadores, sino una vida en la que todos participan. Rainer subraya que un pastor no puede liderar por sí solo una renovación exitosa:
Cuando un pastor lidera una revitalización sana, no lo hace solo. La iglesia también puso manos a la obra.
Dicho de otro modo: todos reman en la misma dirección. Los cristianos que van por su cuenta no encajan en este cuadro. El «cristianismo de lobo solitario» es una contradicción en sí mismo, escribe Rainer con acierto. En su lugar, estas iglesias desarrollaron una cultura en la que cada miembro sabe: me necesitan, y yo también soy responsable.
Preguntas de coaching
- ¿Cómo se vive la membresía en tu iglesia? ¿Hay expectativas claras y una participación real, o muchos «miembros fantasma»?
- ¿Qué efecto tendría en la iglesia como sistema si, durante una semana, cada miembro comunicara abiertamente sus expectativas y lo que aporta? ¿Y cómo diseñarían ese formato?
- Imaginen que alguien que piensa hacerse miembro les pregunta: «¿Qué contribución y qué compromisos concretos esperan de mí?». ¿Qué le responderían, y qué revela eso sobre la claridad de su cultura de membresía?
Definan juntos qué esperan de los miembros (por ejemplo, participar activamente en los cultos y en los grupos pequeños, poner sus dones al servicio de al menos un área de ministerio, apoyar económicamente según sus posibilidades y estar dispuestos a aprender y a crecer en la fe). Comuniquen abiertamente estas expectativas, a los miembros nuevos y a los de siempre. Algunos no se atreven a pedir nada por miedo a perder gente. Sin embargo, Rainer observó que precisamente donde se eleva el nivel de exigencia crecen la pasión y el sentido de pertenencia. Como coach, te animo: da ejemplo y vive con compromiso, y luego desafía con amabilidad a los demás a hacer lo mismo. Hablen del compromiso no como una obligación, sino como una oportunidad: seguir a Jesús juntos, sin que nadie tenga que luchar solo. La claridad en la membresía crea unidad, y una iglesia unida puede mover montañas.
Conclusión: valor para cambiar, esperanza para tu iglesia
Thom S. Rainer termina su libro con un mensaje contundente: de nosotros depende que una iglesia viva o muera. Ninguna iglesia está condenada a morir, pero toda iglesia puede decidir quedarse anclada en viejos patrones y así elegir la muerte. Los ejemplos de las iglesias revividas muestran de forma impresionante que incluso en un ambiente de funeral puede brotar vida nueva, cuando los líderes y los miembros están dispuestos a recorrer el doloroso camino de la renovación. Rainer escribe, en esencia:
Las iglesias que se revitalizaron eligieron conscientemente la vida, una elección que «fue ardua, exigente, a veces de una lentitud desesperante y casi siempre dolorosa, que implicó sacrificios… pero, en definitiva, fue una elección por la vida».
Estas palabras dan ánimo: sí, el cambio tiene un precio. Sí, exigirá sacrificios y tiempo, y pondrá a prueba los nervios. Pero vale la pena, porque está en juego nada menos que la supervivencia y el futuro de tu iglesia.
Ningún cambio ocurre de la noche a la mañana, pero cada pequeño paso cuenta. Asume la responsabilidad, cuestiona con valentía, ora con pasión, ama a tus hermanos y hermanas también en medio de los conflictos y confía en el poder de Dios, no en fórmulas infalibles. Así que atrévete a dar hoy el primer paso. Dios todavía no ha terminado con tu iglesia; al contrario, quizá estén a las puertas de un nuevo capítulo. De ustedes depende decir «sí» a la vida, ahora. ¡Manos a la obra! Y confíen en que el Dios de la resurrección mismo los guiará y les dará nueva vida.
Versión en español: octubre de 2026

