Es el segundo día del campamento de verano y notas que un adolescente no termina de integrarse y, en general, se le ve muy infeliz. Te preguntas cuál sería el mejor momento para mostrarle que alguien lo ve y que puede compartir lo que le pesa. El programa del campamento sigue avanzando sin pausa, pero encuentras un momento en el que los demás están atendidos y puedes hablar con él con calma. Te lo llevas a un rincón tranquilo y empiezas.

#1 Encuentra el lugar adecuado para conversar

Lo ideal es que tu equipo ya lo haya pensado de antemano y haya preparado un lugar para las conversaciones pastorales. Ese lugar debe ser discreto, pero también visible para los demás. Esta regla está para protegerte. De lo contrario, una sola acusación inventada por un niño o un joven puede bastar para poner fin a tu servicio. Si esta afirmación te deja con dudas, ya es hora de que te informes sobre la «protección de menores». Si un «código de conducta» y un «certificado de antecedentes penales» no formaron parte de tu preparación para el campamento, habla con el director del campamento y pídele que te lo explique.

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Recursos útiles para la dirección del campamento

Seguramente tu denominación o tu asociación de iglesias tiene su propio programa de prevención de la violencia y el abuso, con un código de conducta para voluntarios y personal remunerado que trabajan con niños y jóvenes, y materiales para proteger a los jóvenes del abuso sexual. Pregunta por él.

#2 Muestra empatía y crea un ambiente abierto

  • Empieza la conversación con un comentario empático como: «Oye, _____, he notado que _____. ¿Quieres hablar de ello?»

Por ejemplo:
… que pasas mucho tiempo por tu cuenta.
… que pareces triste.
… que los demás a menudo te molestan.
… que _____

  • Muestra comprensión por sus emociones y deja claro que estás ahí para él diciéndole: «Estoy aquí para escucharte y acompañarte. Si quieres hablar de ello, te escucho con gusto y aquí estoy para ti».
Una joven que mira a la cámara
Si el adolescente está luchando con problemas emocionales, escúchalo. Evita darle consejos o decirle qué tiene que hacer para salir de su bajón. Foto: Bailey Burton, Unsplash

#3 Escucha activamente

Si el adolescente está luchando con problemas emocionales, escúchalo. Evita darle consejos o decirle qué tiene que hacer para salir de su bajón. Si no te pide consejo de forma explícita, simplemente escúchalo. No lo interrumpas. Este no es el momento de evaluar ni de juzgar lo que dice. Muéstrale con tu lenguaje corporal y con tus palabras que estás ahí y que tomas en serio lo que dice.

  • Escuchar con tus oídos: Deja de hablar tú. Haz preguntas que muestren que escuchas con atención. No des respuestas precipitadas. No termines las frases del adolescente por él.
  • Escuchar con tus ojos: Mantén la mirada en el adolescente. No dejes que tus ojos vayan todo el tiempo de un lado a otro. No observes a otras personas mientras escuchas. No mires el reloj.
  • Escuchar con tu rostro: Sé auténtico con tus sentimientos y deja que tu rostro refleje los sentimientos de la otra persona. Si el adolescente está triste, deja que también tu rostro y tu corazón reaccionen con emoción.
  • Escuchar con tus manos: Si es apropiado darle un abrazo, una palmada en el hombro o chocar esos cinco, ¡hazlo! Respeta muy especialmente los límites de la otra persona.

Quizá seas la única persona que ese día se ocupa de lo que siente este adolescente. Un abrazo (si es apropiado) y unas palabras de ánimo son una forma real de mostrarle tu interés sincero y tu apoyo: «Gracias por confiar en mí y por tener el valor de contármelo. Seguro que no fue fácil».

Confírmale que entiendes que está pasando por un momento difícil y reconoce su valentía. Recuérdale al adolescente que estás ahí para él. Validar lo que vive no significa necesariamente que estés de acuerdo con su forma de ver la situación.

Más bien, la validación es una herramienta de comunicación que ayuda a afianzar la base de la relación entre tú y el joven.

#4 Haz más preguntas

  • Intenta evitar las preguntas cerradas. Si no, solo obtendrás un «sí» o un «no» como respuesta. Haz en cambio preguntas abiertas: «¿Cómo te sientes con eso?», «¿Qué te da rabia?», «¿Qué te pone triste?», etc.
  • Si el adolescente habla de temas que dan motivo de preocupación, anímalo a contarte más. Haz más preguntas para comprender mejor lo que le pasa. Por ejemplo: «¿Me puedes contar algo más? ¿Cómo te afectó eso exactamente?» «¿Desde cuándo tienes este problema? ¿Cuándo aparece?»
Busca siempre las causas, nunca te quedes en los síntomas.
Un joven apoyado en una valla
Si el adolescente habla de temas que dan motivo de preocupación, anímalo a contarte más. Haz más preguntas para comprender mejor lo que le pasa. Foto: Norbert Kundrak, Unsplash

#5 Ofrece tu apoyo

  • Ofrece ayuda y apoyo diciendo, por ejemplo: «Aquí estoy para ti. Si necesitas ayuda, puedes acudir a mí cuando quieras. No estás solo».
  • Menciona la posibilidad de hablar con el equipo de acompañamiento pastoral del campamento. Si eres líder de grupo o, por tu función, eres responsable de un grupo de jóvenes, no podrás tener una conversación pastoral con cada uno de ellos. Por eso, en un campamento es esencial contar con un servicio de acompañamiento pastoral que pueda ofrecer ayuda y apoyo inmediatos a los participantes (y también a los líderes).
  • Anima al joven a aprovechar el acompañamiento pastoral. Hazle ver que es normal pedir ayuda. Si eso ya forma parte de la cultura de tu iglesia, ayuda.
En un campamento es esencial contar con un servicio de acompañamiento pastoral que pueda ofrecer ayuda y apoyo inmediatos a los participantes (y también a los líderes).

#6 Subraya la confidencialidad

Asegúrale al adolescente que la conversación será confidencial, a menos que su seguridad o la de otras personas esté en peligro. Muéstrale que tratarás su información personal con respeto y que puede contar con ello.

Un joven vestido de verde con una gorra roja
Jesús hizo muchas preguntas, entre ellas: «¿Qué quieres que haga por ti?». Podemos convertir esa pregunta en: «¿Qué quieres que Jesús haga por ti?» o «¿Qué esperas de Jesús?». No se trata de ti, sino de Jesús y de su autoridad en esta situación. Foto: Marie-Michèle Bouchard, Unsplash

#7 Señala a Jesús en la conversación

  • Jesús hizo muchas preguntas, entre ellas: «¿Qué quieres que haga por ti?». Podemos convertir esa pregunta en: «¿Qué quieres que Jesús haga por ti?» o «¿Qué esperas de Jesús?». No se trata de ti, sino de Jesús y de su autoridad en esta situación.
  • Si la otra persona todavía no conoce a Jesús, pregúntale: «¿Quién es Jesús para ti?».
El acompañamiento pastoral y la evangelización, es decir, compartir las buenas noticias de Dios, siempre van de la mano.

Es importante tener en cuenta que cada adolescente es distinto, y puede que no todas las preguntas o enfoques funcionen igual de bien. Sé paciente, empático y respetuoso con los límites del adolescente. El objetivo es construir una relación de confianza y darle la oportunidad de abrirse cuando esté listo.

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Bajón nocturno: Si durante el campamento alguno de tus adolescentes o de tus compañeros de equipo se viene abajo emocionalmente tarde por la noche, además de escuchar y orar, que son los primeros auxilios, ayuda también este truco: mándalo con cariño a la cama. Casi siempre, después de una buena noche de sueño, el mundo ya se ve de otro color.

Versión en español: octubre de 2026