1. Salir a pasear

Sal a pasear una vez por semana con tu preadolescente (o adolescente). Así activas, para ti y para tu hijo, tres factores de bienestar: movimiento, luz y aire. Además, haces sin esfuerzo los diez mil pasos que de todos modos te habías propuesto, y al final del paseo por fin se te ocurre la solución a ese problema del trabajo. Y aparte de todo eso, le das a tu hijo un ritual fijo y, con él, una oportunidad que se repite para hablar contigo de lo que le preocupa. Con unas cuantas buenas preguntas para adolescentes más jóvenes (de 12 a 14 años) quizá llegues a conocer a tu hijo de una manera completamente nueva.

Una madre y su hija pasean de la mano por un parque nevado
Con un paseo activas, para ti y para tu hijo, los factores de bienestar movimiento, luz y aire; haces sin esfuerzo tus diez mil pasos y al final por fin se te ocurre la solución a ese problema del trabajo. Foto: Unsplash+

2. Reír, bailar, cantar

Bueno, en el fondo aquí debería decir: planea experiencias con tus hijos. Enséñales a disfrutar la vida y a sentirse vivos de verdad, desde dentro. Puede ser una excursión a la naturaleza, un espectáculo emocionante, una comida deliciosa o simplemente relajarse juntos. Y, por supuesto, todo eso es importante y bueno. Pero queremos ir un paso más allá.

Para despejar de verdad la mente y el cuerpo, es decir, para liberar muchas hormonas de la felicidad y un sentimiento de comunidad que pone la piel de gallina, ayuda esto: reír a carcajadas, bailar y cantar.

Así que planea actividades divertidas con tus preadolescentes. Organiza una noche de juegos en casa con propuestas divertidas como el tres en raya con bottle flip (video en inglés), juegos de palabras, una guerra de agua con chistes malos, Tabú o Pie Face.

¿Por qué tus hijos solo deberían divertirse en el grupo de jóvenes? Llévalos a jugar laser tag o haz con ellos otras salidas llenas de adrenalina. Organiza un día de bromas en el que se hagan bromas locas unos a otros (antes pongan algunas reglas, bla, bla, bla). Haz con tus hijos pequeñas pruebas de valor en la naturaleza: crucen un arroyo, rueden cuesta abajo por una colina de hierba, salten a un lago frío. Inventa con ellos canciones locas para los 70 años de la abuela. Canta con ellos por la noche junto a una fogata. Prueba con ellos los bailes más nuevos de TikTok, aunque hagas el ridículo.

Un niño con chaleco salvavidas rema de pie sobre una tabla en un lago
Haz con tus hijos pequeñas pruebas de valor en la naturaleza: crucen un arroyo, rueden cuesta abajo por una colina de hierba, salten a un lago frío. Foto: Ben White

3. Limitar el tiempo de pantalla

Este consejo es de los agotadores, porque cuesta y es duro, tanto para los adultos como para los adolescentes. Hay tanta información y tantos consejos distintos sobre el tiempo de pantalla que los padres caen rápido en la trampa de la parálisis por análisis y al final no elaboran ningún plan propio con sus propios hijos. De alguna manera, uno espera que al final todo salga bien de todos modos.

Pero como toda la investigación parece coincidir en que los niños necesitan que se les guíe en el consumo de medios y en que el tiempo de pantalla debería tener límites (incluso TikTok ha empezado a limitar la app para menores), deberías tomarte dos horas y elaborar tu propia estrategia. Un buen panorama general, en español, lo ofrecen el Plan familiar de uso de pantallas de la Academia Estadounidense de Pediatría y la organización estadounidense Common Sense Media.

Sin embargo, limitar el tiempo de pantalla no significa condenar todo lo que nuestros hijos hacen frente a las pantallas.

Al contrario: muchas veces jugar con su Nintendo o experimentar con una app de fotos es lo único que un preadolescente puede disfrutar de verdad en todo el día, simplemente porque se le da bien.
Una niña recostada en la cama mira una tableta
Sin embargo, limitar el tiempo de pantalla no significa condenar todo lo que nuestros hijos hacen frente a las pantallas. Foto: Unsplash+

Es decir, las pantallas, tan odiadas como queridas, pueden ayudar a nuestros hijos a trabajar en sus fortalezas y a llevar la seguridad en sí mismos que ganan en el mundo virtual al mundo real.

4. Jueves de kebab

Uno de los consejos de crianza más frecuentes es el de comer juntos. Lo ideal es una comida al día con toda la familia a la mesa, sin teléfonos. La mesa familiar mejora el ambiente en casa y ofrece la oportunidad de conversar, o al menos de coordinar agendas y tareas, mientras la comida mantiene los ánimos bajo control. Como en nuestra casa el ánimo no mejora necesariamente a la hora de comer, y en cambio quejarse de la comida está muy de moda, yo como madre ofrezco de vez en cuando entre semana el almuerzo con lectura, en el que todos pueden esconderse educadamente detrás de un cómic. Pero: al corazón se llega por el estómago, y comer juntos de verdad fortalece la unión. Por eso nos encantan los eventos culinarios familiares regulares. Puede ser un jueves de kebab, un viernes de pizza o preparar juntos platos exóticos como rollitos de primavera.

Un kebab en pan, relleno de carne y verduras, junto a un bol de ensalada
Al corazón se llega por el estómago, y comer juntos de verdad fortalece la unión. Por eso nos encantan los eventos culinarios familiares regulares: un jueves de kebab, un viernes de pizza o preparar juntos platos exóticos como rollitos de primavera. Foto: Freunde des Snacks e.V.

5. Dales a elegir

Si una y otra vez permites que tus hijos participen en las decisiones, los ayudas a prepararse para las casi infinitas opciones del mundo actual y a asumir la responsabilidad de sus propias decisiones. Puede ser en cosas pequeñas, como elegir la ropa o el destino de una excursión. Pero son los padres quienes deciden qué opciones reciben los hijos. Bueno, casi siempre.

6. Dales obligaciones

Al mismo tiempo, puedes exigir a tus hijos que cumplan con su parte, confiarles responsabilidades y pedirles resultados. Ya sea al adoptar una mascota y asumir el cuidado que eso implica, o si tu hijo se ha hecho vegetariano y le pides que colabore en adaptar las recetas de la familia y la lista de compras. También puedes exigirles que vayan contigo a la iglesia.

Una chica y un niño mezclan ingredientes en la cocina
Al mismo tiempo, puedes exigir a tus hijos que cumplan con su parte, confiarles responsabilidades y pedirles resultados. Foto: Annie Spratt

Las obligaciones de los hijos no se han abolido en absoluto, aunque últimamente los medios se centren en los derechos de los niños. Al contrario: en Alemania, por ejemplo, el Código Civil establece que los hijos tienen el deber de ayudar a sus padres en las tareas de la casa.

El hijo, mientras forme parte del hogar de los padres y sea educado o mantenido por ellos, está obligado a prestar servicios a sus padres en la casa y en el negocio, de un modo adecuado a sus fuerzas y a su situación en la vida. (§ 1619 del Código Civil alemán, traducción propia)

En Alemania se consideran razonables entre tres horas y media y siete horas de ayuda a la semana para menores de 12 años, sin pago. Hablando de trabajo: según la investigación sobre la felicidad, el trabajo resulta más satisfactorio cuando sabes por qué te esfuerzas y le ves sentido; cuando puedes tomarte un descanso de vez en cuando; cuando te interesa aquello en lo que trabajas; cuando avanzas y te alegras de ello; cuando puedes trabajar con personas que te caen bien; cuando persigues una meta que te importa, ¡y celebras cuando terminas!

Es decir: si a los hijos les interesa poco o nada lo que aprenden en clase, vale aún más la pena ayudarlos a encontrar un pasatiempo o un voluntariado. (Priscilla Alvarez)

7. Servir a otros en familia

Y aquí estamos, en el tema del voluntariado. Pueden echar una mano juntos en una mudanza, ayudar en un campamento, colaborar en un comedor para personas sin hogar o visitar a personas mayores en una residencia. Porque alegrarles el día a otros ayuda a mirar más allá del propio mundo, a sentirse parte de algo más grande y, en general, aumenta la autoeficacia de tus hijos. Además, crecen juntos como familia y crean vivencias y recuerdos compartidos. La frase bíblica «Hay más dicha en dar que en recibir» no implica solo una dicha abstracta y futura en el más allá.

La investigación sobre el altruismo atribuye a los voluntarios una buena dosis de dicha ya en esta vida, porque las personas que hacen voluntariado son, en general, las que más se benefician de él.

No solo porque un trabajo con sentido también le da sentido y satisfacción a quien da, sino porque, al organizar tu propio voluntariado, tienes que conectar con muchas personas, es decir, construyes tus recursos relacionales y aprendes mucho más de lo que aprenderías en un papel de simple consumidor.

Adultos y niños recogen basura en una playa
Alegrarles el día a otros ayuda a mirar más allá del propio mundo, a sentirse parte de algo más grande y, en general, aumenta la autoeficacia de tus hijos. Foto: Ron Lach

8. Celebrar un consejo familiar

¿Cómo se hace? La versión clásica: se sientan juntos y fuman la pipa de la paz. La versión ejecutiva: se hace una reunión y, con una lluvia de ideas, se llega a soluciones comunes. Más o menos. De hecho, fue un ejecutivo, Thomas Gordon, quien hizo popular el consejo familiar entre los padres.

En principio, un consejo familiar tiene estos elementos: todos los miembros de la familia están presentes, hay tiempo para un intercambio constructivo sobre temas que afectan a toda la familia, se buscan soluciones y acuerdos, y se toman compromisos firmes. Todo eso se puede sazonar con oración en común, con la mirada puesta en Dios y con agradecimientos y palabras de ánimo mutuos.

Una mujer conversa con cuatro niños sentados alrededor de una mesa
Los temas pueden ser muy variados: ayuda en casa, planificación de actividades en común, compras, el orden de la casa o problemas de convivencia. Foto: Unsplash+

En el consejo familiar se puede:

  • compartir los altibajos de la vida familiar y personal
  • elogiar y criticar la convivencia actual
  • establecer nuevas reglas
  • hablar de los valores que nos importan
  • expresar deseos
  • cambiar reglas

Hay que respetar una regla importantísima:

En el consejo familiar, cada miembro de la familia tiene su turno de palabra. Todos pueden expresarse, y nadie debería ser interrumpido, ridiculizado, regañado ni desacreditado de ninguna otra manera.

Además, un consejo familiar no debería convertirse en una charla sin rumbo, sino moderarse con un objetivo. Al principio pueden moderarlo los padres, pero en reuniones posteriores también los hijos (en edad escolar).

Los temas pueden ser muy variados: ayuda en casa, planificación de actividades en común, compras, el orden de la casa o problemas de convivencia.

Los expertos recomiendan hacer la reunión con regularidad, porque solo así se crean oportunidades fijas y fiables para expresarse sobre la vida familiar y abordar los problemas ANTES de que se agraven. ¿Quieres saber cómo llegar a soluciones constructivas con hijos egocéntricos, peleones y perezosos? Entonces vuelve al punto 1 y trabaja en tu relación y en las conversaciones regulares con tu preadolescente, o aprende del método de negociación de Harvard (el clásico Obtenga el sí o Sí… ¡de acuerdo!, de Roger Fisher y William Ury), que en principio se puede aplicar en cualquier lugar donde haya puntos de vista distintos.

9. Salir a la naturaleza

Algo que, como padre o madre, prácticamente no puedes hacer mal es salir con tus hijos al aire libre. Una encuesta muy poco representativa entre mis conocidos reveló que todos los adultos a los que sus padres arrastraban a la naturaleza de niños hoy también aman la naturaleza y admiran la creación de Dios. Y a su vez arrastran a sus hijos a la naturaleza. ¿Y para qué sirve tanto arrastrar? Pues para mucho.

Hacer ejercicio juntos o realizar actividades en la naturaleza favorece el bienestar físico y mental de tus hijos y crea vivencias compartidas. Está comprobado que contemplar un entorno verde ayuda contra la sobreestimulación que el cerebro infantil sufre a diario en nuestra sociedad mediática.
Un hombre, una mujer y una niña asan malvaviscos en una fogata al aire libre
Hacer ejercicio juntos o realizar actividades en la naturaleza favorece el bienestar físico y mental de tus hijos y crea vivencias compartidas. Foto: Unsplash+

Los médicos hablan de dos a tres horas diarias que un niño debería pasar al aire libre y en movimiento para desarrollarse de forma óptima. En Taiwán, en Asia oriental, debido a la propagación desenfrenada de la miopía entre los niños, hace algunos años se cambió por completo el horario escolar para que los niños salieran al aire libre al menos dos horas al día. Por cierto, corretear en la naturaleza favorece el tan elogiado juego libre de los niños y así los ayuda a desarrollar su creatividad. Dos pájaros de un tiro.

10. Ritual de buenas noches mientras se pueda: leer en voz alta, llevar un diario, orar

Todavía no ha llegado el día en que tu hijo se acueste después que tú. Aprovecha el momento y pasa un rato más con él. Estos son los tres elementos estrella que ayudan a tu hijo a dormirse en paz: leer en voz alta, llevar un diario y orar.

Leer en voz alta no solo se recomienda para niños pequeños, sino también para los que ya saben leer. Al parecer, ayuda en algo importante del desarrollo del cerebro, y casi seguro también a reforzar el sentimiento de NOSOTROS como familia. Además, así tienes cubierto, a más tardar por la noche, el punto más importante: pasar tiempo juntos. Recomendamos una mezcla de Biblia, novelas cristianas y literatura infantil en general.

Un padre, sentado en la cama de abajo de una litera, les lee un libro a su hija y a su hijo
Además, así tienes cubierto, a más tardar por la noche, el punto del lenguaje del amor: pasar tiempo juntos. Foto: Ron Lach

El consejo del diario tiene que ver con la reflexión. Hay distintas formas de repasar el día y pensar en todo lo que uno vivió y en cómo se sintió. Es la preparación para la oración y no tiene que ser por escrito. Pero ayuda anotar de vez en cuando algunos motivos de gratitud; eso también lo pueden hacer los padres por su hijo.

Así, en las horas más oscuras de la vida de tu hijo, puedes sacar lo escrito y recordarle todo lo bueno que ha pasado en su vida. (Priscilla Alvarez)

Por último, la oración es una herramienta de valor incalculable para que tu hijo se calme. Hoy en día muchos investigadores de la salud y pedagogos recomiendan la meditación, y en la mayoría de las técnicas se trata de tomar conciencia de uno mismo y luego soltar. Eso es exactamente lo que pasa en la oración, y mucho más. Por algo existe este versículo tan interesante de los Salmos, que se puede traducir de distintas maneras: «Él da a su amado aun mientras duerme» (LBLA) o «Dios concede el sueño a sus amados» (NVI). Además, puedes bendecir a tu hijo una vez más de forma específica, ponerlo bajo la protección de Dios y recordarte así que tienes un aliado poderoso en el proyecto «¡Socorro! ¿Qué hago con mi preadolescente?»

Una madre acaricia el pelo de sus dos hijos acostados en la cama
Además, puedes bendecir a tu hijo una vez más de forma específica, ponerlo bajo la protección de Dios y recordarte así que tienes un aliado poderoso en el proyecto «No quiero meter la pata». Foto: Unsplash+

Por supuesto, hay muchos otros trucos con los que seguro no te equivocas. Despertar a tus hijos con cariño por la mañana, por ejemplo. Pedir perdón y perdonar. Fomentar los puntos fuertes de tu hijo. Ayudarlo a encontrar buenos amigos y organizar encuentros para jugar cuando tu hijo es demasiado pasivo, aunque disfrutaría de verse con alguien. Hablar el lenguaje del amor de tus hijos. ¿Qué trucos tienes tú?

Para seguir leyendo

  • Steve Biddulph, El secreto del niño feliz
  • Danny Silk, Loving Our Kids on Purpose (en inglés)
  • Mark Batterson, Praying Circles Around Your Children (en inglés)

Versión en español: octubre de 2026