Después de una clase de filosofía, una estudiante se acercó a su profesor. «¿Podemos hablar?», le preguntó. «Claro», respondió él, y buscaron un lugar tranquilo al aire libre.
«Estoy en plena deconstrucción», dijo ella, algo vacilante.
Sorprendido, el profesor preguntó: «¿Qué significa eso exactamente?».
Ella se tomó un momento antes de responder: «No es que vaya a dejar a Jesús ni nada por el estilo. Solo intento ver las cosas con más claridad. Crecí con esta visión del cristianismo que me enseñaron mi familia y mi iglesia. Pero ahora que estudio teología, conozco a otras personas y veo todo tipo de cosas en internet, me pregunto si lo que siempre he creído es realmente el panorama completo. Quiero estar segura de que lo que creo está de verdad en la Biblia y no es solo lo que me contaron. Así que desarmo todo lo que sé sobre ser cristiana e intento averiguar si de verdad encaja con lo que dice la Biblia. Intento volver a armarlo todo de una manera que tenga sentido para mí y que encaje con lo que he leído en la Biblia».
Esta situación surgió en una conversación entre Sean McDowell y John Marriott. Esta estudiante no abandonó su fe, pero cuestionó de forma crítica la versión del cristianismo que había heredado. Su recorrido refleja una tendencia creciente entre los jóvenes: un camino de deconstrucción de la fe. En un video publicado recientemente (en inglés), Sean y John ofrecen una guía sobre la deconstrucción en la que mencionan nueve razones que llevan a ella y muestran cómo acompañar a los jóvenes en este proceso. En este artículo resumo los puntos más importantes. Más abajo encontrarás algunas preguntas que pueden ayudarte a hablar con tus jóvenes.
9 razones que llevan a la deconstrucción
La deconstrucción suele ser un proceso en el que uno cuestiona de forma crítica y repiensa sus propias convicciones.
«A mí me enseñaron este tipo de cristianismo, pero hay otros. ¿Por qué creo exactamente lo que creo? ¿Y no habrá otras formas de cristianismo que encajen mejor conmigo y con las que me sienta más en sintonía?»
El proceso de deconstrucción puede desencadenarse por distintos factores, que Marriott y McDowell analizan más a fondo en su libro más reciente, Set Adrift (en inglés). Aquí va la versión corta:
1. La necesidad de certeza
Muchas personas que replantean su fe se han quedado, de algún modo, con la impresión de que saber algo sobre Dios significa estar absolutamente seguro. Creen que la fe y la duda no van juntas. Pero la certeza filosófica es algo que no podemos alcanzar. Equivocarse sigue siendo siempre una posibilidad. Y si solo creemos lo que sabemos con seguridad, encontramos menos respuestas. Entonces muchos se preguntan: «¿Cómo puedo estar seguro de lo que creo? ¿Y si me equivoco?». Y empiezan a cuestionar su fe. Si alguien te dice: «Es que no estoy seguro», pregúntale simplemente: «¿Por qué crees que tienes que estar seguro?». Muchos sienten alivio cuando se dan cuenta de que no necesitan estar completamente seguros. Basta con ser sincero. Justo ahí es donde Dios se encuentra con ellos. Algunos jóvenes buscan una seguridad absoluta en su fe. Quieren una especie de certeza filosófica que es difícil de alcanzar. Eso puede llevarlos a cuestionar su fe.
«Se puede estar muy seguro de que algo es verdad, pero la certeza filosófica absoluta es, en realidad, una ilusión.» (John Marriott)
Está bien preguntarle a alguien que duda: «¿Crees que el cristianismo es verdad?». Si la respuesta es «sí» porque esa persona ya ha sopesado a fondo los pros y los contras y los indicios apuntan en esa dirección, eso ya es fe. Entonces se puede vivir la fe y ponerla a prueba, y eso muchas veces la fortalece más que seguir consumiendo en YouTube un argumento intelectual tras otro. Llega un momento en que hay que dar el paso y poner a prueba lo que uno cree. Como es sabido, nadie le ha dado nunca el «sí» a su futuro cónyuge con una certeza del cien por cien. También ahí hace falta dar un paso de confianza y de fe.
2. La hipocresía
Cuando los jóvenes ven que líderes de su iglesia u otras personas de la iglesia actúan con hipocresía y no viven según sus propias convicciones, eso puede decepcionarlos mucho. Entonces pueden llegar a preguntarse si lo que esas personas creen es siquiera verdad.
«La hipocresía es un problema real, sobre todo cuando viene de personas que nos formaron en la fe, como nuestros padres y madres espirituales.» (Sean McDowell)
3. El pecado
Cuando los jóvenes luchan ellos mismos con el pecado o ven pecado en otros, eso puede llevar a una deconstrucción de su fe. Puede significar que se enfrentan a sus propios errores o a los de quienes los rodean y luego dudan de que la fe pueda cambiar algo de verdad. Algunos también reinterpretan la Biblia de tal manera que puedan seguir haciendo cosas que, en el fondo, consideran malas.
«El pecado suele convertirse en un tema en nuestra vida cuando queremos hacer algo que hasta entonces creíamos que no debíamos hacer.» (John Marriott)
4. Preguntas sin respuesta
Las dudas intelectuales o las preguntas teológicas sin resolver pueden tener efectos considerables en la fe. Eso incluye luchar con temas difíciles como el problema del mal, la credibilidad de la Biblia y otras preguntas teológicas complejas para las que no parece haber respuestas sencillas.
Marriott explica: «A veces llegas a un punto en el que dices: “Basta, de verdad tengo que detenerme a pensar en todas las preguntas que tengo sobre mi fe”. Entonces empiezas a desarmar tu fe, a poner todo sobre la mesa y a revisarlo punto por punto: ¿Qué creo sobre esta doctrina? ¿Qué pienso de ella? Creo que, para muchas personas, ese es un impulso importante para replantear su fe. No hace falta tener una respuesta a cada pregunta para creer como la Biblia nos pide.»
5. Una mala teología
Los malentendidos o las interpretaciones erróneas de las enseñanzas bíblicas pueden llevar a la confusión y a la decepción. También puede tratarse de la transmisión de una versión del cristianismo legalista, demasiado estrecha o que no está en armonía con la Biblia.
Marriott: «Cuando hablamos con personas que han abandonado la fe, la mayoría dice que lo hizo por sus valores o por razones intelectuales, o porque Dios o la gente de la iglesia las decepcionó. Pero casi todas se sienten más libres y más felices después de alejarse de la fe. Sin embargo, nuestra esperanza es que la gente no se vaya sin más, sino que cuestione las partes de su fe que quizá no sean bíblicas y descubra así el verdadero corazón de Jesús.»
6. El abuso espiritual
Las experiencias de abuso espiritual o las heridas sufridas en el contexto de la iglesia pueden tener efectos profundos. Puede tratarse de manipulación, control u otras formas de autoridad espiritual malsana que dañan la manera en que una persona percibe a Dios y la fe.
«En casi todos los casos que he visto, ya sea que alguien deje la fe o la conserve, suele haber heridas y decepciones. Ese dolor es muchas veces la razón de un cambio en la fe.» (John Marriott)
7. Una fe nunca elegida de verdad
Algunas personas se dan cuenta de que nunca entendieron de verdad su fe ni se decidieron por ella. Quizá crecieron en un entorno cristiano, pero más tarde, a menudo cuando ya tienen veintitantos años, descubren que nunca hicieron suya la fe de verdad.
«Bueno, crecí con esta fe y orienté mi vida según ella, y tenía todas estas opiniones distintas sobre el fin de los tiempos, el papel de la mujer, el orden de la salvación y, ya sabes, lo de la Tierra joven o la Tierra antigua. Pero como adulto, responsable ante Dios de mis propias convicciones, tuve que replantearme todo eso.» (John Marriott)
8. La necesidad de autenticidad
La cultura actual da mucho valor a ser auténtico y fiel a uno mismo. Eso influye en la manera en que los jóvenes perciben su fe. A menudo se sienten presionados a moldear su fe para que coincida con su identidad personal y sus valores, que están muy marcados por la cultura actual.
Marriott explica: «Cada uno tiene su propia historia, y todas están, de algún modo, construidas socialmente. Si es así, entonces es casi inmoral que alguien someta sus propios deseos y valores a un constructo social que le dice cómo debe comportarse. Si no hay una definición clara del bien y del mal, ¿por qué debería hacer lo que dicen los demás? Eso incluso estaría mal. No debería aceptar sin más lo que otros consideran correcto. Debería ser libre para ser quien realmente soy, y eso lo determinan mis sentimientos, mis emociones y mi estado psicológico. Y eso es radicalmente distinto del mundo en el que crecieron las generaciones anteriores. Ese es el guion que hoy se le entrega a cada joven y según el cual se espera que viva.»
9. Las influencias culturales
La cultura actual, sobre todo en temas como la sexualidad y la libertad personal, a menudo hace tambalear las posturas cristianas tradicionales. Muchos jóvenes se sienten divididos entre lo que dice la cultura y lo que enseña el cristianismo. Eso puede llevarlos a cuestionar su fe y adaptarla para encajar mejor en las aguas culturales en las que nadan. Lo difícil es que muchas veces ni ellos mismos saben exactamente por qué lo hacen.
«Si lo más importante para alguien es ser auténtico, entonces nuestro valor más importante es darles a las personas la libertad de decidir por sí mismas.» (John Marriott)
Acompañar a un joven en su deconstrucción: guía práctica
Escucha activamente y no juzgues
- Crea un ambiente de confianza para una conversación abierta.
- Haz preguntas para aclarar, como: «¿Qué quieres decir exactamente con deconstrucción?» y «¿Desde cuándo le estás dando vueltas a esto?».
- Indaga en lo que hay detrás de sus preguntas para entender si influyen factores culturales. Evita las suposiciones y las conclusiones precipitadas.
Fomenta el apoyo emocional y la comunidad
- Pregúntale por sus sentimientos: «¿Cómo te sientes en este proceso?».
- Interésate por su red de apoyo: «¿Tienes a alguien con quien hablar de esto?».
- Anímalo a no recorrer este camino solo, sino a unirse a un grupo en el que pueda, con la ayuda de otros, desarmar su fe y volver a armarla.
Habla con él sobre cómo entiende la Biblia
- Pregúntale cómo ve la Biblia: «¿Qué lugar ocupa la Biblia en tu proceso?».
- Averigua si está dispuesto a profundizar en los textos bíblicos: «¿Estás abierto a dejarte guiar por las Escrituras?».
Delimita el alcance de las preguntas
- Distingue entre distintos tipos de duda: «¿Lo que te inquieta es cómo se interpreta el cristianismo, o dudas de la verdad fundamental de la fe?».
Ofrece recursos
- Recomiéndale materiales útiles, como libros o pódcasts, que respondan específicamente a sus preguntas. Para las preguntas intelectuales, por ejemplo: Norman Geisler y Frank Turek, No basta mi fe para ser ateo.
Sé un ejemplo
- Cuéntale tus propias experiencias con la duda y cómo las afrontaste; así muestras autenticidad y comprensión.
Respeta su camino
- Reconoce que el camino de cada persona es único. Evita imponer un calendario o un resultado.
Ora pidiendo sabiduría
- Busca una y otra vez la guía de Dios para saber cómo apoyarlo de la mejor manera.
Versión en español: octubre de 2026

