Este artículo se inspira en la charla de Stefan Hänsch (pastor, ICF Berlin) sobre el tema «Una iglesia que trasciende los entornos sociales y las generaciones», que dio el 4 de noviembre de 2023 en Waren (Alemania), en el foro HotSpot sobre posibilidades misioneras. Aquí comparto mis propias reflexiones y lo que he desarrollado a partir de su charla.

En un mundo que cambia a toda velocidad, en el que las generaciones se transforman cada vez más rápido, nosotros, como iglesia, como familia de Dios, nos enfrentamos al desafío de llegar a las personas de nuestro tiempo.

Y no queremos limitarnos a servir a las ideas de quienes vivieron antes que nosotros. Aun así, esas ideas son, de algún modo, nuestro piloto automático: «Sí, siempre se ha hecho así, de modo que tiene que seguir así». Eso no es malo ni incorrecto en sí mismo. Pero esa forma de pensar nos impide con frecuencia mirar con atención y reconocer dónde nosotros mismos nos estamos frenando. Y, sin embargo, queremos que pasen a formar parte de la iglesia personas que también son hijos de Dios, pero que todavía no viven en una relación viva con él.

¿Cómo podemos ser eficaces en una sociedad que cambia y construir una iglesia intergeneracional? Si en esta pregunta nos centramos solo en las personas que ya están en nuestras iglesias, pisamos el freno y avanzamos con dificultad. Pero si levantamos la vista, miramos a nuestro alrededor y empezamos a ver a las personas que aún no forman parte de nuestra iglesia, pero a las que Jesús quiere traer a ella, entonces las cosas se ponen en movimiento. Aquí hace falta mirar y escuchar con atención de manera constante. ¿Por qué? Porque llegan personas nuevas y queremos seguir teniendo los ojos y las puertas abiertos para todas las personas que Jesús prepara.

«Eso exige una enorme grandeza de ánimo, porque hay que estar con los pies bien plantados en la vida, lo más cerca posible de las personas y, al mismo tiempo, preguntarse: ¿qué toca ahora, en este tiempo? ¿Cuándo es bueno hablar con claridad y cuándo es bueno soportar las tensiones que surgen una y otra vez en la política y en la sociedad, pero también en nuestras iglesias?» (Stefan Hänsch)

Generaciones que cambian

Hoy las generaciones se renuevan cada 10 años, mientras que las generaciones anteriores se renovaban en ciclos de unos 30 a 35 años. Esta evolución nos desafía a repensar y adaptar constantemente nuestros enfoques, programas y contenidos para ser relevantes y atractivos para cada generación. Eso requiere una comprensión profunda de las corrientes sociales y culturales actuales, así como de las necesidades y expectativas de las distintas generaciones.

Si observamos las etapas de la vida de las distintas generaciones, vemos un cambio claro. En el pasado, el desarrollo seguía una línea recta, de la infancia (childhood) a la edad adulta (adulthood) pasando por la juventud (teenager). Hoy, en cambio, han surgido nuevas etapas de la vida, y las transiciones entre ellas son cada vez más fluidas. A la infancia le sigue la etapa de la preadolescencia (tweens, pre-teens) y luego la adolescencia (teenager). Después viene la etapa de los adultos jóvenes (young adults), seguida de los kippers: hijos que viven a costa de sus padres y agotan los ahorros de jubilación de estos. Luego empieza la etapa adulta. Siguen las etapas del cambio de carrera (career-changer) y de la edad adulta tardía (downager), que desafían y redefinen por igual nuestras ideas tradicionales sobre la jubilación. Estas etapas de la vida están menos ligadas a una edad concreta y son, más bien, una adaptación a las condiciones sociales y económicas cambiantes que marcan a las generaciones más jóvenes. (1)

Las etapas de la vida en dos filas: en el siglo XX, infancia, adolescencia y edad adulta; hoy, infancia, preadolescencia, adolescencia, adulto joven, kippers, edad adulta, cambio de carrera y downager (rótulos en inglés)
McCrindle, Mark (2019). McCrindle: Gen Z and Gen Alpha Infographic Update. Recuperado el 24 de octubre de 2023, de https://mccrindle.com.au/article/topic/generation-z/gen-z-and-gen-alpha-infographic-update/ (infografía en inglés)

Estos indicadores nos ayudan a afinar la mirada para entender quiénes son las personas de nuestra iglesia. Así podemos ver con más claridad cómo encontrarnos mejor unos con otros, tanto en el nivel del liderazgo como en el de la predicación. Porque también aquí hay diferencias claras.

Estilos de liderazgo que cambian

Las generaciones de nuestro tiempo son los Builders (la generación silenciosa, los tradicionalistas), los baby boomers, la generación X, la generación Y, la generación Z y la generación alfa. Por los automóviles, los juguetes, los reproductores de música, etcétera, podemos reconocer en qué generación crecimos. También podemos ver qué acontecimientos históricos y qué avances técnicos marcaron a cada generación. Con cada generación cambian también el estilo de aprendizaje y de liderazgo, y la forma de ejercer influencia. La infografía muestra cuál es, para cada generación, el líder ideal, la estructura de liderazgo ideal y el entorno de aprendizaje ideal.

Infografía de McCrindle que compara seis generaciones, desde los Builders (nacidos entre 1925 y 1945) hasta la generación alfa (2010 a 2024): jerga, hitos sociales, automóviles, juguetes y aparatos de música emblemáticos, estilo de liderazgo, líder ideal, estilo de aprendizaje, influencia y marketing (rótulos en inglés)
McCrindle, Mark (2019). McCrindle: Gen Z and Gen Alpha Infographic Update. Recuperado el 24 de octubre de 2023, de https://mccrindle.com.au/app/uploads/infographics/Generation-Z-Infographic-2023.pdf (infografía en inglés)

Las generaciones a partir de 1946 (los Builders) tienden más bien a un estilo de liderazgo controlador (controlling). Aprenden mejor en un entorno de aprendizaje formal (clases magistrales). De ahí se desarrolló en los baby boomers un estilo directivo (directing), en el que se dan indicaciones e instrucciones concretas. Esto volvió a cambiar en la generación X, la de las personas que hoy tienen entre 45 y 59 años. Esta generación vive un estilo de liderazgo coordinador, en el que el líder está en el centro y coordina a los distintos equipos, por ejemplo, el equipo del café, el equipo de alabanza, etcétera. La generación Y ya no quiere solo que la coordinen, sino que la guíen más. En la infografía, la estructura de liderazgo de la generación X y la de la Y apenas se diferencian, pero en la generación X los líderes son personas de acción (doers). Necesitan espacio para moverse. Con ellos no hay microgestión. Les basta con que alguien coordine y con poder organizarse a su manera. La generación Y, en cambio, vuelve a necesitar una dirección concreta (guiding).

Y en la generación Z esto ha evolucionado hacia una especie de empoderamiento (empowering). Capacitar es un principio bíblico: «Él mismo constituyó a unos como apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; y a otros, pastores y maestros, a fin de capacitar al pueblo de Dios para la obra de servicio, para edificar el cuerpo de Cristo» (Efesios 4:11-12). Con el «empoderamiento», el equipo trabaja unido y el líder está fuera de él. El líder es como un coach o un mentor. Es la madre o el padre espiritual que, desde fuera, da impulsos, alienta, anima y acompaña. El líder entrega deliberadamente la responsabilidad al equipo. Y en la generación alfa (jóvenes nacidos a partir de 2010) el líder es una parte inspiradora del equipo. Es uno de ellos. Todos caminan juntos en pie de igualdad y se inspiran unos a otros.

Basta con mirar el entorno de aprendizaje y la estructura de liderazgo de una universidad, una escuela o una iglesia para ver qué generación es la que lo marca. La forma y la estructura lo muestran con claridad. Solo hace falta mirar, por ejemplo, nuestro sistema educativo para entender por qué en las universidades y en las escuelas se enseña de esta manera. Entonces también entendemos por qué los cultos tienen una forma determinada. Y como todos tendemos a convertirnos en tradicionalistas a medida que envejecemos, nos quedamos atrapados en un sistema que sirve a la generación que envejece si no nos bajamos a tiempo y no pasamos el relevo a la siguiente generación.

No pocas veces oigo comentarios de personas mayores como «No hay que subirse a todas las tendencias» o «Ustedes, los jóvenes, todavía tienen mucho que aprender». Parece que han olvidado que ellos también cuestionaron lo establecido y provocaron cambios. Porque su generación también necesitaba, de hecho, otra estructura de liderazgo y otro entorno de aprendizaje para vivir y desarrollar su potencial. Y ahora se sienten a gusto en sus estructuras porque ayudaron a configurarlas. Eso es completamente normal y no tiene nada de malo. Al mismo tiempo, la siguiente generación vuelve a necesitar otras estructuras y otras formas para vivir su potencial y crecer.

«No son solo los distintos grupos de edad los que a menudo se miran con tanta distancia; a veces son también los cristianos de larga data los que tienen dificultades con quienes acaban de llegar a la fe, y viceversa. En ambos casos las brechas pueden volverse muy profundas.» (Markus Wenz, en alemán)

Si Jesús quiere construir su iglesia con todas las generaciones, también es importante percibirnos unos a otros y vernos de verdad. Exige que no solo nos tengamos consideración, sino que trabajemos activamente para dar forma juntos a las cosas y para caminar juntos. Y eso es trabajo. Pero llena y enriquece.

«En Berlín hay una fundación dirigida por personas de la generación de los Builders y de los baby boomers, que levantaron grandes empresas en Alemania. Por supuesto, llegan con la mentalidad de ‘Si yo digo hacia dónde vamos y todos hacen lo que yo digo, funciona. Al fin y al cabo, así lo ha demostrado la vida. Los pájaros crecieron, se hicieron fuertes’. Pero ahora llegan a ese puesto personas que trabajan en red y que quieren colaborar con otros. Naturalmente, hay conflictos, porque no logran entenderse. Cuando dirijo a personas de 50 años o más, tengo que cambiar de rol. También necesitan de mí indicaciones concretas, del tipo ‘Vamos allí, la semana que viene hacemos esto’, etcétera; necesitan esa dirección. A veces les abruma eso de ‘todo es muy suelto, sí, estamos en proceso, vamos a experimentar un poco’. Eso les resulta difícil. Por eso yo mismo cambio de rol y a veces soy el comandante, aunque por mi forma de ser no lo soy en absoluto.
Últimamente, a veces entro en los equipos y digo ‘Solo quiero estar ahí sentado’. Estuve con nuestros músicos en un taller de composición de canciones. Y me dijeron ‘Oh, ¿qué hace el pastor aquí? ¿Quieres controlarnos?’. ‘No, solo quiero ser parte del equipo y quizá escribir un verso para la próxima canción de alabanza que salga’. Y para mí esa reunión fue increíblemente inspiradora, porque me di cuenta de que estas personas tienen un amor y una pasión por Jesús que intentan expresar en canciones y aportar al reino de Dios.» (Stefan Hänsch)

Una comunidad de fe inclusiva

La familia de Dios no funciona como una línea de montaje en la que al principio llegan piezas de formas distintas y al final todas salen iguales. No, la familia de Dios se parece más a un taller en el que todo se hace a mano. Cada pieza se trabaja por separado. Y eso requiere mucho más tiempo y concentración. Pero ese tiempo y esa atención valen la pena. Y por eso la estructura y la forma de una iglesia nunca pueden quedarse como están. Nos equivocamos gravemente si creemos eso y además vivimos así. Con ello no solo desaprovechamos oportunidades de crecimiento, sino que además cerramos activamente la puerta a quienes quieren crecer. Si esas personas son lo bastante inteligentes, se van. Y está bien que así sea.

Personalmente, no quiero apoyar a una iglesia en la que se les cierran las puertas a quienes quieren crecer solo porque otros se aferran a formas y estructuras antiguas.

Quizá por eso me encanta trabajar con jóvenes que lo cuestionan todo. Así, al menos, llegamos al meollo. Desmontamos y volvemos a construir, desmontamos otra vez y volvemos a construir. Y celebro muchísimo que en cada generación haya personas que piensan igual. Las llamo, por decirlo así, «migrantes generacionales». Son capaces de desenvolverse en la cultura de otras generaciones, de vivir de manera contextualizada y de tender puentes entre las generaciones. Y necesitamos a estas personas en el liderazgo para ayudar a dar forma activamente al ADN de la iglesia. En mi opinión, son los evangelistas, los apóstoles y los pastores (Efesios 4:11-12).

Esquema de los cinco ministerios de Efesios 4:11: el apóstol en el centro y, a su alrededor, el profeta, el evangelista, el maestro y el pastor, entre los polos poco convencional y correcto, objetivo y cálido

Con esto no estoy hablando en contra de los profetas y los maestros. En absoluto. Pero los profetas y los maestros tienen otros dones y capacidades, y también los necesitamos. Ellos dan forma a la enseñanza y a la orientación de la iglesia. Nos ayudan a delimitar el marco y a no perder de vista la meta.

Forjar una cultura de iglesia intergeneracional

¿Cómo puede ser eso en la práctica, forjar una cultura de iglesia intergeneracional?

Lo primero es ser conscientes de que una iglesia intergeneracional es también la idea y el propósito de Dios para su familia. No debemos hacer distinciones ni favorecer a unos sobre otros (véase la carta de Santiago). Sin embargo, en la práctica una iglesia intergeneracional no es posible en todas las etapas. Cuando se funda una iglesia, por ejemplo, normalmente solo están representadas las generaciones de quienes la fundan. Es decir, por lo general, un grupo homogéneo.

La experiencia muestra que quienes fundan una iglesia, o los equipos fundadores, llegan de forma automática a personas que tienen diez años más o diez años menos que ellos. Si se quiere llegar a personas mucho mayores o mucho más jóvenes, hay que esforzarse mucho.

Por eso es conveniente que los equipos fundadores estén formados por varias generaciones. Así, el equipo fundador tiene presentes desde el principio a las distintas generaciones y puede fundar la iglesia pensando en ellas desde el comienzo.

Si tu iglesia existe desde hace más tiempo y solo hay unas pocas generaciones en los equipos de liderazgo, busca maneras de incorporar a otras generaciones a esos equipos o a los procesos.

Otro factor es el principio del discipulado. Atraviesa todo el Nuevo Testamento. Los Evangelios nos dan una imagen muy clara de ello. Las cartas de Pablo están totalmente impregnadas de este principio. Pero no pienses que hablo aquí de un programa. No. El discipulado es un estilo de vida, el latido del corazón de un discípulo de Jesús. Cuando veo una iglesia intergeneracional, veo una iglesia que hace discípulos que hacen discípulos.

Jesús nos lo mostró con su ejemplo. Durante tres años marcó profundamente a sus discípulos. Comieron juntos, viajaron mucho, vivieron éxitos y derrotas, pasaron juntos por altibajos. Jesús reflexionó conscientemente sobre esos momentos. Les dedicó muchísimo tiempo. Incluso cuando los discípulos salieron en su nombre a expulsar demonios, sanar enfermos y anunciar la buena noticia, seguían aprendiendo. También aquí Jesús aprovechó la ocasión para reflexionar. Lo que le importaba no era en primer lugar el hacer, sino lo que eso provocaba en el corazón.

A Jesús le importaba el corazón y lo que se mueve en él, para sacarlo a la luz, transformarlo y hacerlo más parecido al suyo.

El hacer no era la meta, era una herramienta. Porque bajo fricción, bajo estrés, en los conflictos, sale a la luz lo que llevamos dentro. Por eso es importante que nos tomemos el tiempo de examinarlo y no sigamos sin más con el programa. De esta manera, los discípulos se fueron pareciendo cada vez más a Jesús.

David como modelo

Theodore Roosevelt nos lo recordó:

«People don't care how much you know until they know how much you care.»

Este principio se refleja en la historia del rey David. Sirvió a las personas de su tiempo e invirtió su vida en servirles conforme a la voluntad de Dios. «En verdad David, después de servir a su propia generación conforme al propósito de Dios, murió» (Hechos 13:36).

Cuando David se dio cuenta de que su vida llegaba a su fin, le dio a su hijo Salomón instrucciones decisivas para el futuro (1 Reyes 2). No se concentró solo en el final de su era, sino también en cómo podía fortalecer y bendecir a la siguiente generación. Dejó un legado de unos 300 millones de euros para la construcción del templo, formó a 300 soldados de élite para el combate y creó una clase dirigente leal. David entendió qué podía hacer para empoderar y apoyar a la generación de su tiempo. Organizó recursos, formó a personas y fomentó una cultura de lealtad que apoyaba a la siguiente generación.

Esa lealtad y ese apoyo son los que forjan y definen una cultura, ya sea en la iglesia, en la familia o en el grupo de jóvenes.

Se trata de cómo vivimos el liderazgo, de cómo hablamos de los demás y de cómo marcamos a la generación de nuestro tiempo.

Esta lealtad surge en la intersección de tres círculos concéntricos:

  1. Primero, las verdades atemporales de la Biblia;
  2. segundo, las inquietudes personales y las preguntas fundamentales de vida de la generación como «¿Quién soy?», «¿Dónde encajo?» y «¿Qué puedo cambiar?»; y
  3. tercero, los temas de debate actuales en nuestra sociedad.
Tres círculos que se cruzan: las verdades atemporales de la Biblia, las preguntas de vida de la generación y los temas de nuestra sociedad

En la intersección de estas tres áreas está la clave de una comunidad de generaciones que sea a la vez real y relevante.

Tengamos el valor de configurar nuestras iglesias y comunidades de modo que no solo alcancen a las generaciones siguientes, sino que también las marquen profundamente. Encontremos maneras de capacitar y apoyar a los adolescentes y a los jóvenes adultos de nuestro tiempo, para que puedan participar con todo su ser en la gran historia de Dios. Así podremos crear una comunidad marcada por el respeto mutuo, la comprensión y un interés profundo los unos por los otros: una comunidad que abarque a todas las generaciones y las enriquezca.

Preguntas de reflexión para líderes y equipos

  • ¿Cuáles de estos puntos te han hablado?
  • ¿Qué te desafía?
  • ¿Cómo podemos asegurarnos de que la manera en que organizamos la vida de nuestra iglesia sea relevante y atractiva también para las generaciones más jóvenes?
  • ¿En qué medida hemos tenido en cuenta, como responsables, las necesidades, las expectativas y las particularidades culturales de las distintas generaciones?
  • ¿Qué pasos concretos podemos dar para fomentar una cultura de discipulado, inclusión y empoderamiento para todas las generaciones?
  • ¿Cómo manejamos, como equipo de liderazgo, la resistencia al cambio?

9 pasos de acción

  1. Retroalimentación e ideas de las generaciones más jóvenes: Organiza reuniones o foros periódicos en los que los miembros más jóvenes de la iglesia puedan compartir sus ideas y sus comentarios sobre la vida de la iglesia. Usa encuestas o grupos focales para entender mejor sus ideas y sus deseos.
  2. Grupos de planificación intergeneracionales: Incluye a representantes de todas las generaciones en la planificación de eventos, cultos y proyectos. Esto favorece la comprensión y la valoración de las necesidades y las perspectivas de cada grupo de edad.
  3. Formación en sensibilidad cultural: Ofrece sesiones de formación al equipo de liderazgo y a los miembros de la iglesia para desarrollar una mejor comprensión de las diferencias culturales y de las necesidades de las distintas generaciones.
  4. Mentoría y discipulado: Fomenta relaciones de discipulado en las que los miembros mayores de la iglesia transmitan a los más jóvenes su experiencia de vida y su conocimiento espiritual. Al mismo tiempo, las generaciones más jóvenes pueden apoyar a los miembros mayores en el uso de las nuevas tecnologías y de las tendencias actuales.
  5. Formatos de culto flexibles: Experimenta con distintos formatos de culto para tener en cuenta preferencias y estilos diferentes. Esto podría incluir, por ejemplo, tiempos de alabanza modernos y tradicionales, o cultos temáticos.
  6. Formación en gestión de conflictos: Prepara al equipo de liderazgo para afrontar los conflictos y las resistencias al cambio. Desarrolla estrategias para fomentar el debate abierto y respetar las distintas opiniones.
  7. Canales de comunicación innovadores: Usa medios de comunicación modernos, como las redes sociales, las aplicaciones o las plataformas en línea, para llegar a las generaciones más jóvenes e integrarlas en la vida de la iglesia.
  8. Grupos de servicio y de proyecto: Impulsa la formación de grupos de servicio o de proyecto integrados por varias generaciones. Así, personas de distintas edades pueden trabajar juntas por objetivos comunes y aprender unas de otras.
  9. Introducir los cambios con cuidado: Comunica con transparencia los cambios previstos y genera comprensión sobre por qué son necesarios. Da espacio a las preguntas y a las inquietudes e incluye activamente a la iglesia en el proceso de cambio.

(1) McCrindle, Mark (2014). Scouts Australia: Youth Program Review Phase 3. McCrindle. Recuperado el 23 de agosto de 2019, de https://mccrindle.com.au/app/uploads/pdf/blog-archive/Scouts-Phase-3-YPR-Scoping-Study.pdf.

Artículos recomendados sobre el tema