En principio hay cuatro formas de vivir Halloween en familia si no eres fan de los fantasmas, los vampiros ni las brujas: (1) desconectar el timbre, (2) hacer una excursión de fin de semana, (3) ir a una fiesta alternativa de la iglesia local, (4) organizar un programa propio. Y el año pasado descubrí una quinta alternativa, que presentaré al final.

1. Desconectar el timbre
La forma más sencilla de pasar por alto Halloween probablemente solo funciona mientras tengas hijos pequeños. Basta con no poner una calabaza iluminada en la puerta, desconectar el timbre y acostar a los niños como siempre.
2. Hacer una excursión
«Sí, hemos fijado nuestra excursión para el 31 de octubre. Es verdad, cariño, que ahora tienes que renunciar a Halloween, pero tenemos algo más bonito pensado para hacer contigo.» Esta variante requiere algo de planificación; según los hijos y el vecindario, ¡recomiendo reservar la fecha con dos meses de antelación! Las piscinas y los hoteles solo sirven en parte: también allí estará presente Halloween. Nosotros hemos pasado más de un fin de semana visitando a queridos amigos y familiares que viven más lejos.
3. Ir a una fiesta alternativa de la iglesia local
Hoy en día muchas iglesias ofrecen fiestas temáticas divertidas o veladas festivas de la Reforma como alternativa a Halloween. El 31 de octubre es también el Día de la Reforma: según la tradición, ese día de 1517 Martín Lutero publicó sus 95 tesis, y muchas iglesias evangélicas lo conmemoran. Infórmate de lo que se organiza en tu zona y convence a amigos con hijos de que vayan contigo, para que a tus hijos les resulte más fácil animarse con el programa alternativo.
Desde una fiesta de la luz o una fiesta de Lutero hasta una reunión de jóvenes sobre la Reforma, las iglesias de Alemania y Suiza ofrecen varias alternativas de este tipo.
4. Organizar tu propio programa alternativo
Hay muchas posibilidades. Cuanta más gente pregunto, más alternativas recibo. Lo estupendo de estas iniciativas es que son locales e incluyen también a otras personas a las que no les apetece Halloween.
Algunos miembros de la iglesia organizaron una caminata nocturna con antorchas por el bosque. También da un poco de miedo, pero tiene un encanto romántico y salvaje, y el tema es menos sombrío.
Una familia del vecindario encontró en los vecinos de enfrente a personas con las mismas ideas, y juntos organizaron una fiesta privada para niños.
Otra familia descubrió que a sus hijos lo que más les importaba de Halloween eran los dulces. Así que los padres organizaron sin más una cena de dulces, seguida de una noche de cine en familia en el sótano de la casa, lejos del timbre y de la luz delatora de la planta baja.
Una amiga ideó un juego de detectives evangelístico lleno de acción para todos los niños más pequeños del vecindario. El juego retomaba elementos de Halloween, como los faroles y la oscuridad, y mostraba a los niños cómo pueden llevar a la luz, a Jesús, sus propios actos oscuros. Había dulces, sopa de calabaza y enigmas emocionantes que llevaban a los niños por todo el vecindario, hasta el bosque.
5. Lanzarte al bullicio
Cuando vi en Instagram a una familia estadounidense que se lanzó sin más al bullicio y que, en un puesto en la calle, repartía a los niños, además de dulces, palabras de ánimo e invitaciones al culto, se me cayó la venda de los ojos: no hay que evitar Halloween a toda costa. También se puede ver Halloween como una oportunidad para practicar la hospitalidad, conocer a los vecinos y mostrar lo que es la comunidad. Una pastora de Núremberg, en Alemania, incluso aprovechó Halloween para atraer a todos los niños del barrio a la iglesia con un «culto escalofriante» y contarles una historia emocionante de la Biblia (Belsasar y la escritura en la pared).
Ahora imagina que un grupo de padres ofrece, en plena calle, bebidas calientes y sopa de calabaza a todos los que pasan. Los padres que acompañan a sus hijos pueden detenerse un momento y recibir un gesto de amabilidad, mientras sus hijos recorren a toda prisa las casas del otro lado de la manzana. Los niños reciben ayuda si se han hecho daño o se han perdido por el camino. Cada uno puede llevarse un paquetito con dulces y una palabra de ánimo. Y todos siguen su camino reconfortados, quizá incluso conmovidos.
Pudimos llevar «luz a la oscuridad», y algunos incluso decidieron no celebrarlo más después de conocer los orígenes de Halloween. Atreverse a conversar, ser luz y decir la verdad siempre marca la diferencia. ¡Anímate! (M.)
