Para empezar: nunca pensé que algún día escribiría un artículo titulado «Iglesia tóxica». Hasta ahora, el tema me resultaba completamente ajeno. Si se dejan explotar y manipular por sus líderes en lugar de consultar con Dios su servicio voluntario o su diezmo, la culpa es suya, pensaba yo. Pero hoy tengo claro que mis padres y mis líderes de jóvenes tuvieron mucho que ver con que yo no sea una víctima decepcionada de una iglesia tóxica. Más adelante te cuento por qué.

¿Qué significa «tóxico»?

«Relación tóxica» es un término técnico de la psicología que en los últimos tiempos recibe cada vez más atención.

A menudo se trata de procesar creencias enfermizas que los padres, (in)voluntariamente, inculcaron a sus hijos, y del abuso de poder en general, en la familia y en el círculo de conocidos.

Pero también en el mundo de la empresa se analizan las relaciones envenenadas. Ahí se trata de jefes o compañeros que intentan, por medio de la manipulación, atar emocionalmente a sus empleados y hacerlos bailar al son que ellos tocan.

Imagen animada: un hombre de camisa y corbata señala amenazante con el dedo
Imagen: Giphy

En las llamadas iglesias tóxicas se trata, en el fondo, de una conducta y un discurso poco profesionales por parte del liderazgo hacia quienes asisten a la iglesia y hacia sus miembros. Por poco profesional se entiende aquí: narcisista, manipulador, excluyente. También se podría hablar de naturaleza pecaminosa o simplemente… de seres humanos. Los objetivos equivocados de estas personas pueden ser: la propia gloria, el dinero, la sensación de poder. Ya en la Biblia hay muchos ejemplos de creyentes que pusieron sus propios objetivos por delante de los de Dios y causaron mucho sufrimiento.

Brian Houston ante varios titulares de prensa en inglés sobre su renuncia
Houston, tenemos un problema: la renuncia del fundador de Hillsong fue un llamado a llevar una vida sensata. Foto: thri.st

En el pasado reciente, los medios han hablado muchas veces del abuso en las iglesias. Pódcasts como «The Rise and Fall of Mars Hill» (en inglés), «Toxic Church: Die Hillsong Story» o «frauthentisch», con la serie #churchhurt (estos dos en alemán), sacan a la luz distintos casos de abuso espiritual y manipulación humana en iglesias evangélicas.

A menudo son jóvenes quienes se convierten en víctimas del comportamiento abusivo, ávido de expansión y narcisista de personas con responsabilidades de liderazgo, y tardan mucho en darse cuenta de que no están sirviendo a Dios, sino a personas.

¿Cómo protejo a mis adolescentes de líderes abusivos?

Entonces, ¿cómo hago para que los adolescentes de mi grupo de jóvenes o de mi familia sean lo bastante fuertes para no dejarse explotar? La respuesta es muy sencilla, pero difícil. Enseñas a tus adolescentes, y a ti mismo, a vivir #centradosenDios. Porque allí donde ponemos nuestra esperanza en Dios, hacemos que nuestro bienestar y nuestro desarrollo personal, nuestro servicio voluntario y nuestro éxito no dependan de las personas.

En la Biblia, el rey David nos dio el mejor ejemplo de una vida centrada en Dios.

David buscaba a Dios cada día, le escribía canciones y poemas, ponía delante de él sus pensamientos y sentimientos, y se dejaba impresionar por la grandeza de Dios y guiar por él en sus decisiones.

Eso lo ayudó a no escuchar las voces humanas de su vida cuando le tocó enfrentarse a un gigante. Lo ayudó a sobrevivir, física y psicológicamente, al abuso de poder de su superior, el rey Saúl. Lo ayudó a aplazar la construcción de una casa para Dios, aunque al principio pensaba que con eso le daría una alegría. (Un libro recomendado: Perfil de tres monarcas, de Gene Edwards). Así que aquí tienes algunas pistas para actuar por tu cuenta:

#1 Enseña a los adolescentes de tu grupo de jóvenes o de tu familia a leer la Biblia por sí mismos.
Muéstrales cómo convertirse en exploradores de la Biblia y cómo orientarse en el laberinto de la interpretación bíblica. Mira con ellos películas bíblicas, compra cómics bíblicos para los adolescentes a los que les gusta menos leer. Así, durante una predicación, sabrán distinguir entre una fuente bien citada y un disparate.

#2 Crea oportunidades para que vivan sus propias experiencias espirituales.
¿Y cómo se supone que uno tiene experiencias espirituales? Bueno, en primer lugar, leyendo la Biblia y dejando que nos hable. Cuando tu adolescente experimenta que Dios, de repente, le habla con toda claridad a su vida a través de un versículo, ha tenido una experiencia espiritual. En segundo lugar, lo mismo pasa a menudo al admirar la naturaleza. Al orar, en general. En la alabanza. Al escuchar una predicación. Al vivir una respuesta a la oración. En la evangelización. En un viaje misionero.

Una muy buena oportunidad para tener experiencias propias con Dios es el llamado tiempo de silencio. Por eso, en muchos campamentos cristianos hay una mañana de silencio. Cada adolescente se va solo a un lugar tranquilo, con algo para escribir y una pequeña guía. La guía suele incluir versículos bíblicos en los que Dios anima y preguntas sobre la situación de vida de los adolescentes. Los invita a escribirle una carta a Dios o a escribirse a sí mismos una carta de parte de Dios. O sea, en el fondo, un salmo 😉.

Muchos adolescentes viven en ese tiempo momentos de verdadera paz y de reconciliación con Dios y consigo mismos. Con experiencias así en la mochila, ojalá tus adolescentes estén más unidos a la fe misma y menos a las personas. Así, cuando las personas cometan errores, no tendrán que tirarlo todo por la borda: incluso después de vivir problemas en la iglesia, conservarán el respeto por sí mismos y la confianza en Dios.

#3 Ora por tus adolescentes y mantente en contacto con ellos cuando busquen una nueva iglesia.
O busca personas que mantengan el contacto con ellos y que, preguntándoles con regularidad cómo están, puedan ayudarlos a orientarse en la nueva iglesia. Así los ayudas a hablar de lo que no cuadra y a evaluarlo junto con otros adultos que no estén directamente implicados.

#4 Permite y anima la participación en otras actividades cristianas, y amplía así el horizonte espiritual de tus adolescentes.
Ninguna iglesia tiene el monopolio de la sabiduría sobre cuál es la mejor forma de adorar a Dios. ¿Y si a Dios le encanta el rock and roll, tuvo que esperar miles de años a que por fin lo inventaran y le decepciona que hoy en los escenarios de las iglesias solo suenen himnos, baladas y música pop? ¿Y si le encanta el sermón de diez puntos, pero por culpa de ciertas teorías de gestión estadounidenses lo redujeron a un sermón estándar de tres puntos? Al participar juntos en otras actividades cristianas, no solo en las de tu propia iglesia (por ejemplo, Taizé, un festival cristiano, un gran encuentro de jóvenes, un monasterio o un campamento de verano), ayudas a tus adolescentes a dar menos importancia a las cuestiones de estilo de las iglesias.

En mi propia vida, este punto quizá fue decisivo. No crecí en una sola iglesia: con el ánimo de mis padres, siempre pude aprovechar actividades de otras iglesias (danza, grupo de niños, campamentos). En cuanto fui adolescente, después de una mudanza, busqué una iglesia por mi cuenta. Cuando esa iglesia se desmoronó por el comportamiento tóxico de su equipo de liderazgo, yo ya me había ido a estudiar; y cuando allí un líder de grupo pequeño empezó a comportarse de forma sectaria, enseguida me busqué otra iglesia. Por su estilo, era más o menos tan estrafalaria como la iglesia que describe Adrian Plass en su diario humorístico The Sacred Diary of Adrian Plass, pero de verdad también allí se podía experimentar a Dios. Gracias a estos cambios de iglesia, sobre todo por mudanzas y estancias en el extranjero, pude conocer una gran variedad de estilos de iglesia.

Porque, a diferencia del matrimonio, a la hora de elegir iglesia Dios permite una «iglesia para una etapa de la vida». Algunas personas del Nuevo Testamento también tuvieron varias.

Esto no es un llamado a saltar de iglesia en iglesia como primera reacción de frustración ante personas agotadoras o mala música en tu iglesia, sino una invitación a consultar con Dios, cada vez, dónde quiere que estés.

#5 Deja que tomen sus decisiones con Dios.
«Voy a orar al respecto». Cuando alguien te dice eso, casi puedes contar con un no. Dios solo sirve de excusa para no darte de inmediato una negativa fría. O bien: «Oren para saber dónde los quiere Dios, porque la cosecha es abundante, pero son pocos los obreros». Lo que viene a significar: «Decídanse pronto, y seguro que Dios los querrá en algún puesto del equipo, porque necesitamos voluntarios con urgencia».

Aun así, el refrán «El hombre propone y Dios dispone» debería tomarse al pie de la letra cuando se trata del voluntariado. Porque, por supuesto, tus jóvenes están llamados a usar sus talentos. Pero poner en práctica sus dones va de la mano del llamado de Dios.

Saber disparar bien no significa que tengas que alistarte en el ejército. Saber cantar bien no significa que tengas que estar sí o sí en el equipo de alabanza todos los domingos. (Priscilla Alvarez)

Así que anima a tus adolescentes a sopesar con la cabeza fría cada petición (por ejemplo, con una lista de pros y contras) y a orar al mismo tiempo. A veces una iglesia comete el error de mantener un programa «exitoso» que al principio fue inspirado por Dios y parece ser EL llamado, aunque hace mucho que ya no tiene gente que pueda sostenerlo de corazón. Entonces, muchos «no» por parte de los miembros de la iglesia ayudan a replantearse el programa.

#6 Enseña a tus adolescentes a defenderse y a perdonar.
Solemos sonreír ante la gran pasión de la generación Z por considerar importantísimos sus propios derechos y posturas. Y a veces desearíamos que simplemente apretaran los dientes y se pusieran a trabajar.

Pero justamente esa conciencia de su propio valor puede ayudarlos a defenderse de comportamientos abusivos en la iglesia. La Biblia invita expresamente a los creyentes a exhortarse unos a otros, y para eso no hay límite de edad. Una reunión de jóvenes con humor sobre el tema «exhortar» o «retroalimentación constructiva» podría fomentar este arte. O, en casa, una reunión familiar periódica. Y tú mismo puedes practicar cómo dar retroalimentación constructiva y en el momento oportuno.

Crea momentos y procesos en los que los miembros de tu equipo puedan darte retroalimentación (a ti y unos a otros).

Aunque tus jóvenes estén bien preparados, vivirán decepciones. O se decepcionarán de sí mismos porque no están a la altura de sus propias expectativas. Por medio del perdón, Dios nos mostró un camino para volver a vivir en paz con él, con nosotros mismos y con las personas que nos rodean. Vivamos el perdón con nuestro ejemplo y repartamos «amor en lugar de golpes».

#7 Y por último: deja ya de comportarte de forma tóxica
… y de transmitir a otros tus propias carencias y tus patrones de conducta poco sanos. Pon en práctica, muy en concreto, eso de «amor en lugar de golpes».

¡Fuera los viejos patrones! «Stop It!» (Bob Newhart, MADtv, en inglés)

Como ya dije, protegerse de las relaciones tóxicas es sencillo, pero difícil. 😇 Así que deja de perseguir el dinero (para tu iglesia). Deja de querer impresionar. Eres importante y valioso, pero el mundo no gira a tu alrededor. Deja de despotricar cuando en casa algo no sale según tu plan. Deja de mimar solo a los que tienen un talento evidente en tu grupo de jóvenes. Deja de sentirte valioso solo cuando logras algo. Deja de ver tus próximas vacaciones como el paraíso y de aguantar el tiempo que falta hasta entonces como un mártir. Vives ahora, y Dios contigo. (P. D.: Que pongamos aquí una señal que apunta en la dirección correcta no significa que nosotros ya hayamos logrado llegar hasta allí).

El dogma: LA razón para dejar la comunidad de los cristianos

Dondequiera que se reúnen personas, hay tensiones. Y ninguna iglesia tiene personas perfectas ni estructuras impecables. En Cartas a la Iglesia, Francis Chan escribe que nos hemos alejado mucho de lo que Dios llama iglesia, y que todos lo sabemos: lo que vivimos es radicalmente distinto de la iglesia de la Biblia. Durante muchas décadas, líderes de iglesia como él perdieron de vista el misterio propio de la iglesia y acostumbraron a quienes se sientan en los bancos a volverse adictos a algo menor. Es hora de un cambio. (Paráfrasis).

Por otro lado, la iglesia es, por naturaleza, dogmática. Es decir, siempre va a chocar con algunas personas y a excluir a quienes se aferran a ciertas conductas que contradicen frontalmente las enseñanzas bíblicas. Y para justificar su propia decisión, algunos toman entonces distancia de la severidad de la iglesia. Como un conductor imprudente que prefiere despotricar contra los límites de velocidad antes que reconocer su error. Pero ¿qué dogma es el correcto? La iglesia está comprometida, ante todo, con sus propios dogmas. Ningún club de tenis local debería cambiar las reglas del tenis solo porque a algunos socios no les gusta perder. Más bien, esos socios deberían darse de baja del club. A Dios no le entusiasman los que solo siguen la corriente, tibios e indecisos. Es verdad que está lleno de gracia, pero prefiere que las personas sean frías o calientes con respecto a él (Apocalipsis 3:16).

Pero ¿de qué reglas de tenis hablamos? En el pódcast «Toxic Church», además de voluntarios completamente agotados, se escucha a personas que se sintieron obligadas a elegir entre su iglesia y una pareja alejada de la fe. O entre la iglesia y la vida de fiesta. Una entrevistada contaba que temía no poder seguir con su novio, porque él seguramente no entendería su convicción de «nada de sexo antes del matrimonio». Muchos están atrapados en dilemas así. En su caso, ella dejó a su pareja después de oírlo de Dios en su tiempo devocional. Tras lo cual, contra todo pronóstico, dejó de sentir a Dios por completo y de repente se sintió totalmente desarraigada.

Un adolescente que lee la Biblia
«Así que la convicción que tengas tú al respecto, mantenla como algo entre Dios y tú. Dichoso aquel a quien su conciencia no lo acusa por lo que hace» (Romanos 14:22). Foto: Ben White

¿Cómo pueden nuestros adolescentes distinguir si lo que su iglesia les sugiere sobre su servicio voluntario, sus finanzas o su vida sexual tiene o no un fundamento bíblico? ¿Y cómo deben decidir luego, en concreto, en su propia vida?

«Intentamos enseñar a nuestros hijos a pensar por sí mismos. Al final, tienen que estar en paz con lo que creen». (Simea Gut, pódcast frauthentisch)

En este sentido, vuelve a ayudar el punto #1 de arriba, el del estudio bíblico. Y este versículo: «Así que la convicción que tengas tú al respecto, mantenla como algo entre Dios y tú. Dichoso aquel a quien su conciencia no lo acusa por lo que hace» (Romanos 14:22).

Preguntas para hablar con tus adolescentes:

  • ¿Preferirías tomarte menos en serio tu iglesia o intentar someterte a las enseñanzas o «exigencias» de tu iglesia? ¿Por qué? ¿Con quién hablas de preguntas como estas?
  • ¿Alguna vez has decidido por ti mismo lo que te parece correcto respecto a una enseñanza de tu iglesia? ¿Cómo te sentiste?
  • En tu opinión, ¿qué dogmas de la iglesia han quedado desfasados? ¿Por qué? ¿Debería la iglesia adaptarse o no? ¿Por qué?

Recursos para el liderazgo de la iglesia

Versión en español: octubre de 2026