Parte 2 de 4 de la serie para padres «Eres más que cuerpo y cerebro».
Como descubrimos en la Parte 1 de esta serie, «¿Qué significa ser humano?» es una pregunta clave que deberías explorar con tu hijo. Los documentales de naturaleza de la BBC, los youtubers y muchos profesores defienden una comprensión completamente secular de esta pregunta. Le dicen a tu hijo: «Eres materia, química y energía. Estás aquí por obra del ciego azar y no vales más que cualquier otra criatura de nuestro planeta superpoblado. Ser humano significa ser un cuerpo y un cerebro, y nada más».
Si es verdad que solo somos materia, química y energía, entonces nuestro ADN nos impulsa a ponernos a salvo, a buscar alimento y a sobrevivir. Nuestra experiencia consciente, nuestros anhelos y sentimientos, la belleza y el amor, nuestras decisiones y, en última instancia, nuestra conexión con Dios no son más que ilusiones de nuestra bioquímica. No tenemos una identidad sobrenatural.
Como padres cristianos, queremos que nuestros hijos sepan que son más que cuerpo y cerebro. Podemos ayudarlos a aprender a percibir la presencia de su alma. Estamos convencidos de que eso los hace avanzar un buen trecho hacia la comprensión de su verdadera naturaleza espiritual, mientras lidian con la pregunta de qué significa ser humano.
Una de las pistas o señales que apuntan a la existencia de nuestra alma es nuestra experiencia de acoger la belleza dentro de nosotros y la oleada de sentimientos que viene después: sentimientos de asombro y reverencia.
En Start to Stir estamos convencidos de que la iglesia necesita cambiar su forma de transmitir la verdad: pasar del aprendizaje memorístico al aprendizaje por descubrimiento. Ayuda a tu hijo a percibir su alma, primero ayudándolo a vivirla en acción y después traduciendo esa experiencia, es decir, poniéndole palabras.
El asombro y la reverencia, señales que apuntan al alma
Las oportunidades de asombro brotan de la tierra por todas partes: en cada brizna de hierba, en cada desfile de hormigas laboriosas, en cada árbol que echa brotes, en cada erizo que va bamboleándose y en cada paisaje hermoso. Si nos fijamos, podemos encontrar asombro en cualquier lugar. Precisamente por eso es un hábito especialmente bueno que los niños pueden desarrollar. Nuestros niños pequeños están cerca del suelo y a menudo van justo al ritmo que necesitan el asombro y la reverencia. Para los cristianos, el asombro lleva a la reverencia, y la reverencia abre la conciencia al alma.
«La reverencia reduce la idea que tenemos de nosotros mismos hasta nuestro verdadero yo. Solo soy un ser humano con límites. No soy capaz de crear toda la belleza que veo, ni de mantenerla unida, ni siquiera de acogerla por completo.» (Barbara Brown Taylor, An Altar in the World)
La reverencia es un regalo que nos recuerda que no somos Dios. La reverencia es la conciencia de que alguien más grande que yo mantiene unido todo lo que veo.
¿Cómo practicamos el asombro y la reverencia?
Ayuda a tus hijos pequeños bajando al suelo con ellos y viviendo juntos la belleza de la tierra. Reserva momentos fijos en tu semana para salir al aire libre o ir al parque y simplemente fijarse en las cosas. Puede ser observar la complejidad del interior de un tulipán, o sentarse tres minutos en la hierba y pedirle a tu hijo que te enseñe todo lo que le llama la atención.
Con hijos mayores puedes hacer caminatas cortas que ofrecen amplias vistas como recompensa, ir a la costa o subir a una colina para ver el amanecer o el atardecer. Salgan de la ciudad a propósito, lejos de las luces, y recuéstense unos momentos sobre una manta para mirar las estrellas. Sea cual sea su edad, a tus hijos no les costará fijarse y asombrarse. Lo que muy probablemente les falte son las palabras para traducir los sentimientos de asombro, reverencia y plenitud. Cuando la calma, la paz y la satisfacción de la reverencia se vayan extendiendo, hazle notar a tu hijo esa sensación.
Mantengan conversaciones que pongan el alma en movimiento
Aprende a decir:
«¡Has descubierto tantas cosas hermosas! ¡No puedo apartar los ojos del interior de este tulipán! Siento paz y plenitud porque todo es tan hermoso. ¿A ti también te pasa? Esa sensación de satisfacción y de paz viene de que eres un ser espiritual. Viene de tu alma.»
«Cuando veo toda esta belleza, siento satisfacción. Me ayuda a ver que formo parte de algo más grande. Formo parte de algo que Dios mantiene unido. No quiero salir de este momento.»
«¿Sabes? Algunas personas dicen que estas sensaciones son solo la química de nuestro cuerpo y de nuestro cerebro. Pero yo creo que sentimos que esas sensaciones de plenitud y de ‘encaje’ con el mundo son algo más que eso. ¡Queremos aferrarnos a ellas y sentirlas más a menudo! La belleza y el asombro que acabamos de vivir son reales, no simples partículas sin sentido dentro de nuestra cabeza. Eres un ser espiritual, y tu espíritu responde a Dios.»
¿Por qué es tan importante la experiencia cuando quiero enseñarle a mi hijo algo sobre el alma?
Nos imaginamos tus preguntas. ¿Por qué no enseñarles sin más que, en Génesis, Dios infundió en Adán vida espiritual (nefesh)? ¿O que Deuteronomio habla de amar a Dios con nuestra alma tanto como con nuestra mente?
En los últimos veinte años de trabajo con jóvenes en un entorno poscristiano hemos aprendido dos cosas importantes. La primera: explicar el alma es una tarea bastante compleja y, sinceramente, es más fácil vivirla que explicarla.
La segunda: la próxima generación decide qué es verdad primero y sobre todo a partir de su experiencia. Los hechos y los argumentos vienen después (si es que vienen). Así que, en lugar de convencer con lógica de que somos seres espirituales, hemos aprendido a apoyarnos en lo que Dios ya puso dentro de nosotros: para despertar la curiosidad y después señalar anhelos que no se pueden saciar ni dentro de los límites del propio yo ni dentro de esta vida presente.
Cuando acompañas a tu hijo en la fe, tienes la oportunidad de contrarrestar el poder de la enseñanza secular sobre lo que significa ser humano: siendo consciente de los límites que tienen el naturalismo y el materialismo cuando intentan explicar nuestros anhelos. Aprende a decir: «Creo que esta es tu alma en acción», para que la educación bíblica que le das a tu hijo concuerde con su experiencia vivida.
En la Parte 3 de esta serie descubriremos cómo ayudar a tu hijo a vivir su alma en acción traduciendo su anhelo de que el mundo sea bueno y de que las personas sean amables entre sí.
Esto también te puede ayudar
- Parte 1: Eres más que cuerpo y cerebro: ayuda a tu hijo a descubrir su alma
- Parte 3: Anhelo de justicia: así vive tu hijo su alma en acción
- Parte 4: Sentir conexión: así vive tu hijo su alma en acción
En colaboración con Start to Stir. Original de Joy Stevens: «Awe & Wonder: Help Your Child Experience Their Soul in Action» (en inglés). Traducción al alemán: Andy Fronius (equipo de Pulse).
